Archivo por meses: septiembre 2014

Carta abierta a una mamá

Estimada señora:

Una noche que yo andaba desvelada la escuché a usted en la radio de madrugada. Llamaba muy indignada para contar a quien quisiera oírlo lo desconsideradamente que la habían tratado en la guardería en la que su hijo tenía una plaza (por cierto, subvencionada al cien por cien, incluyendo la comida, aunque usted no trabaja fuera de casa; a pesar de los recortes en educación).

La dirección de la guardería había citado padres y/o madres para explicarles el funcionamiento, las normas, la atención que ofrecen… especificando que debían acudir sin los niños. Usted explicaba que decidió llevar a su hijo no porque no tuviera con quién dejarlo sino porque iba a una guardería: alguien se haría cargo de él.

¿Y usted habla de desconsideración? ¿De verdad le parece lógico (es la palabra que más veces utilizó en su exposición) empezar su relación con las personas que se van a hacer cargo de su hijo dejándoles así de claro que lo que le digan le va a entrar por un oído y a salir por el otro?

A usted no le parecía lógico, tampoco, que no respondieran a sus expectativas poniendo una educadora a su servicio, demostrando lo que valora el trabajo de las personas que van (o no, porque usted no tenía claro si iba a llevarlo después del mal trato recibido) a educar a su pequeño. Da por supuesto que sus caprichos, que no otra cosa había sido el acudir acompañada, deben alterar el funcionamiento del centro, el tiempo dedicado a la preparación de material, espacios… a prepararse para recibir a su hijo como se merece al día siguiente.

Naturalmente, no le pareció lógico que le llamaran la atención cuando su hijo impedía el desarrollo de la reunión, y mucho menos que cuando usted fue incapaz de controlarle le pidieran que lo llevara fuera para que el resto de madres y padres se enterara y pudiera exponer con tranquilidad sus dudas y recelos. (La primera separación es muy costosa). Si quiere que le diga la verdad, no debería usted haber esperado a que se lo pidieran, por respeto al resto de los asistentes y a la convocante.

Y lo que menos lógico de todo le parecía es que en las guarderías haya normas: que no lo pueda llevar a la hora que quiera, que le digan que debe desayunar antes.

Todo esto deja muy claro que es lo que usted busca: un garaje para niños, un sitio donde dejar a su hijo cuando le conviene, como mucho un centro asistencial. Porque si quisiera un centro educativo sus planteamientos serían otros.

No tiene usted conciencia de que la educación infantil (de 0 a 6 años) es educación. En la guardería pública su hijo, junto a los 13 restantes del grupo, va a recibir atención a sus necesidades físicas (aseo, comida) pero también va a convivir con otros, se va a socializar y va a aprender. No tiene usted ni idea de lo que una buena atención educativa en sus primeros años puede hacer por el futuro de una persona, lo que puede compensar las deficiencias culturales y sociales de la familia, lo que desarrolla las capacidades de cada uno en el momento en que más posible es hacerlo.

Soy maestra (jubilada) pero nunca he trabajado en educación infantil. Siempre he admirado y valorado a maestras y educadoras (las mujeres son mayoría) de esta etapa, que requiere una adaptación, comprensión y trabajo físico mayor que ninguna otra.  Y me duele que se menosprecie su trabajo. Más en un momento en que peligra la consideración de la etapa como educativa. ¿Sabía usted que para la LOMCE es asistencial? No es usted consciente de lo que perderíamos.

Sin buenos cimientos ¿qué construiremos?
Sin buenos cimientos ¿qué construiremos?

 

«En los primeros años se ponen los cimientos de todo lo que se va a construir, a aprender y a hacer a lo largo de la vida. Por esto la educación infantil asume una importancia fundamental en toda la educación».  Francesco Tonucci. Pedagogo

 

 

Cordiales saludos.

Engracia Santos

P.S. Como esta carta es abierta y puede que la lean personas que no conozcan el funcionamiento de las guarderías, éstas tienen un horario educativo fijo en el que suelen admitir unos 15 minutos de flexibilidad. Se puede ampliar por necesidades familiares, generalmente trabajo de padre y madre, antes y después, con la justificación pertinente (horario asistencial).

 

Profesionalidad

En estos días en que tantos compañeros y compañeras o simplemente colegas, están empezando un nuevo curso, preparándose para recibir al alumnado, no puedo menos que ponerme en su lugar, recordando tantas veces como lo viví, los nervios del comienzo como si cada año fuera la primera vez, las ganas de conocer a los grupos de personas con las que vas trabajar.. .

Hablando con unos y con otras y viendo el panorama un poco desde fuera (no del todo, claro que no) se percibe muy claramente la diferencia entre quienes van a poner toda la carne en el asador porque lo viven (expresión de una alumna) y quienes van simplemente a cumplir, quienes llevan las mariposas en el estómago y quienes solamente esperan que no se lo pongan muy difícil.

Y luego están los y las que se apenan porque se terminaron las vacaciones, están deseando poder jubilarse, pero mientras tanto se ganan el sueldo no sólo con dignidad sino de la mejor manera posible: con profesionalidad. Sin tener eso que conocemos como vocación, que puede hacer más fácil el trabajo, hacen lo necesario para que el suyo sea productivo, se involucran en el funcionamiento del centro, se forman, se comprometen con alumnado y familias, buscan alternativas para el alumnado con dificultades, son responsables en el sentido más amplio del término.

Entre el profesorado hay muy buenos profesionales, con vocación y sin ella, y también los hay muy mediocres. Como en todas partes, por cierto. Un grupo de buenos profesionales es un lujo para un centro y para cada uno de sus miembros y  en ocasiones consigue que el resto se una al proyecto y mejore su trabajo.

Estoy convencida de que a nadie se le puede exigir vocación, pero todas y todos deberíamos tener profesionalidad, que no es otra cosa que desempeñar el trabajo poniendo todo el empeño posible, como quisiéramos que lo pusiera el profesor o profesora de nuestra hija o hijo. Y a quien no la tiene  se le debería exigir, que no es ésta una profesión para gente sin impulso vital.

2014-09-04 08.04.44
El amanecer de hoy

Dedico esta entrada a una amiga que es una profesional como la copa de un pino y está en periodo de adaptación a la vida sin trabajo: se acaba de jubilar,  reconociendo que haber trabajado en lo que le gusta ha sido un lujo increíble. ¡Enhorabuena, Jose, lo mejor está por vivir!