Archivo por meses: abril 2012

El niño de la bicicleta

El niño de la bicicleta es, a mi modo de ver, una estupenda película  que presenta con crudeza:

  • La situación de desamparo afectivo de un niño, Cyril,  abandonado en un centro de acogida.
  • La incapacidad del padre para asumir su función de tal, preocupado sólo de seguir adelante con su vida, sin cargas filiales. Que desaparece sin avisar después de vender hasta la bicicleta de su hijo, su bien más preciado. Que pretende que otra persona le diga a su hijo que él no quiere verle más.
  • Las reacciones de una sociedad cruel e hipócrita, personalizada en los chicos del barrio, la pareja de Samantha que no entiende en absoluto de necesidades afectivas que no sean las suyas,  el camello que le embauca y le abandona,  el padre de otro chico que  instruye a su hijo para que mienta para no cargar con las consecuencias de sus actos.
  • La entrega de una mujer que se compromete con el chico al darse cuenta de su necesidad de cariño, y es capaz de calmar su rabia y hacer que vuelva a confiar y recupere la ilusión. Que responde a la petición de un niño desconocido, le protege de la violencia callejera y le conduce con cariño y firmeza a través de las trampas de una sociedad egoísta e inmoral, renunciando por el camino a su relación de pareja que le pone en la tesitura de elegir entre él y el chico.

La bicicleta, que comienza siendo el mayor deseo de Cyril, porque era un regalo de su padre al que no consigue localizar y cuya desaparición no acepta,  se convierte en el símbolo de su unión con Samantha, que la localiza y la recompra para él, ofreciéndole un nueva oportunidad de afecto que empieza aceptando a regañadientes y termina aceptando plenamente.

En resumen: una buena película, dura, porque muestra la realidad, pero que abre una puerta a la esperanza.

¡Ojalá existieran muchas Samanthas!

 

 

¿El final de la escuela 2.0?

Vaya por delante que no estoy de acuerdo con todo lo que se ha hecho para poner en marcha la escuela 2.0, ni mucho menos. Se podía haber hecho mucho mejor con un gasto más racional (como sucedió con otras muchas cosas, desde la gratuidad de textos al cheque-bebé, pasando por el despilfarro y la corrupción  de toda la época de vacas gordas).

Pero sí que estoy de acuerdo con la introducción de las TIC, con que el alumnado disponga de su portátil, con que cambiemos la metodología en las aulas, con que nuestra juventud reciba una educación propia del momento que le ha tocado vivir y no una copia de la que los adultos recibimos en otro momento, que nada tenía que ver con el actual.

Por eso, y porque no me parece serio que se liquide un proyecto sin haberlo evaluado de verdad (los informes a los que remiten son desconocidos) y, más todavía, sin que se hayan cumplido los plazos para implantarlo, quiero dejar claro mi apoyo a la escuela 2.0.

Hay estudios serios en curso: Manuel  Area dirige uno de ellos del que habla en este documentado artículo que está siendo el punto de partida para la elaboración de un manifiesto que muchos y muchas docentes firmaremos.

Seguro que la situación económica tiene mucho que ver con la decisión, pero recortar en educación es recortar el futuro de cada persona y del país porque, como tanto hemos repetido, la educación no es un gasto, es una inversión.

Claro que no se necesitan razones cuando se dispone del rodillo que otorga la mayoría absoluta.

Una de las 2o frases poderosas para el profesorado recopiladas por un compañero peruano, José Alayo, viene muy a cuento: Si un niño no puede aprender de la manera que enseñamos, quizá debemos enseñarle de la manera que ellos aprenden.

Por eso, porque no es concebible que un adolescente de hoy haga aprendizajes relevantes para su vida sin contar con las TIC, yo seguiré dentro de la escuela 2.0, aunque oficialmente se elimine.