Archivo por meses: septiembre 2012

Así, sí

Hoy puedo decir que he disfrutado de una sesión de claustro. Como otras muchas veces, pero la de hoy merece capítulo aparte.

A partir del reconocimiento de que las 2 horas de libre disposición en Primero de ESO no habían conseguido el rendimiento esperado el pasado curso, pese a haberlas dedicado a lo nos sigue pareciendo adecuado (la lectura), hemos realizado un planteamiento pedagógico, con la implicación todo el profesorado asistente. (Sólo han faltado un sustituto que no ha sido nombrado y una compañera de baja por enfermedad)

La propuesta de cambio parte del jefe de un departamento cuya existencia data del curso pasado de cuya eficacia se dudaba en muchos ámbitos: el de Formación, Evaluación e Innovación.

En el debate, con mayor o menor intensidad, ha participado todo el grupo o al menos a nadie le ha parecido irrelevante. Se han debatido criterios pedagógicos, de eficacia, de rendimiento, ventajas e inconvenientes de las distintas opciones…

Y todas las intervenciones, sin excepción, se han hecho pensando en el alumnado: cómo motivarles, qué tipo de agrupamiento será más efectivo, la posible repercusión del trabajo en las distintas materias… sin que pesara en el ánimo en ningún momento lo que habíamos hablado unos minutos antes: horarios más cargados, peores condiciones laborales, recuerdo del cumplimiento de normas que cumplimos y por ello nos molesta que nos recuerden, y de otras que no cumplimos tan a rajatabla y nos molesta más…

Nada de ello ha sido obstáculo para que el primer claustro del curso haya sido pedagógico, en el mejor sentido de la palabra.

Lo que al comienzo de otro curso cualquiera hubiera sido normal, en éste, por las condiciones en las que nos encontramos, me parece digno de valoración extraordinaria.

Por eso, hoy digo: ¡¡Bien por mi claustro de profesorado!! Me siento orgullosa de pertenecer a él.

Así sí conseguiremos una enseñanza pública de calidad.

 

 

 

Crueldades

Explicaba Javier Marías el pasado domingo cómo los actuales gobernantes se están haciendo odiosos cultivando pequeñas y gratuitas crueldades que privan de momentos de placer a las personas pueden disfrutar de muy pocos.

Hoy he comprobado una vez más que no son los únicos.

Esta mañana he escuchado comentar una anécdota de la pasada feria de la localidad:

En una caseta, cuando el discjockey pidió que subieran un par de chicas para hacer de gogós, compañía para los mister cuerpazo que aportaba la empresa, subió, animada por alguien con toda seguridad, una mujer de cuarenta y tantos, madre de familia, de la que algunos acostumbran a reírse porque no es muy inteligente. ¡Como si ellos demostraran muchas más capacidades al hacerlo!

Había que escuchar los comentarios sobre cómo bailaba la gorda, cómo se pegaba al míster y como se habían reído con/de ella.

Me parece mentira que haya personas tan crueles que ni siquiera caigan en la cuenta del daño que hacen y de la calidad personal que demuestran.

Ha coincidido este hecho con haber conocido otro que todavía me llega más al alma: unos padres sacan a su hija adolescente, que está en silla de ruedas, por la noche, como si no quisieran que sus vecinos de urbanización (chalets pareados, en el campo, alejados del mundanal ruido) se enteraran de que existe o como si temieran no ser aceptados porque existe. Quien vive cerca me dice que no es la chica la que se manifiesta huidiza. ¡Ojalá se equivoque y sea sólo una mala racha de adolescente!

Llevaba mucho tiempo sin escribir, demasiado teniendo en cuenta que son muchas las situaciones de este verano que que han merecido una reflexión. Pero ninguna me había removido las tripas hasta el punto de hacerme escribir desde el móvil o buscar un ordenador con conexión.

No es que en los días de comienzo de curso tenga mucho tiempo, pero ahora sí escribo.

¿Verdad que no es que yo sea demasiado sensible porque he tenido dos hermanos con discapacidad, uno por parálisis cerebral y otra por síndrome de Down?