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La escuela que queremos

Si te interesa la educación y tienes inquietudes, si no estás seguro, o segura, de hacerlo todo bien, si quieres conocer puntos de vista que se escuchan pocas veces en el claustro real, aunque más veces en el virtual twittero, escucha la conferencia de Francesco Tonucci.

Llegué a ella a través de @pily.

http://mediasav.us.es/tvus/visor_tvus_02_16_9.swf?

Algunas de las cosas que dice, para animarte a escucharla:

Hemos pasado de una escuela para pocos a una escuela para todos y les ofrecemos lo mismo. Las familias de aquellos pocos tenían base cultural, la escuela era un complemento a lo que aprendía en la casa. Las familias de todos los actuales no tienen base cultural y no pueden dar lo que no tienen. Esperamos que aprovechen algo que no tiene que ver con su vida.

Los alumnos dicen:

  • El fracaso no siempre es culpa nuestra.
  • Queremos un temario más actualizado y que se cuente con nosotros para decidirlo.
  • Queremos música en la escuela.

Es necesario utilizar distintos lenguajes y distintos medios.

Todos los alumnos tienen algún ámbito de excelencia, aunque no sea el que nos gustaría.

La buena escuela la hacen los buenos maestros, aunque las leyes sean malas.Por eso el cambio se dará si cambia la formación del profesorado.

Las leyes no cambian la escuela.

Y como complemento, otro video relacionado con el mismo tema:

Cristobal Cobo habla sobre el aprendizaje invisible y dice cosas muy interesantes:

  • Los sistemas educativos formales penalizan con pena de muerte el error, que es la fuente de nuevos aprendizajes.
  • El aprendizaje ocurre cuando estamos haciendo otra cosa.
  • Las personas tenemos mala memoria, los discos duros son mejores es eso. ¿Por qué competir con ellos? En Dinamarca, a partir de 2011 se harán todos los exámenes con internet conectado.
  • La tecnología evoluciona exponencialmente, la educación linealmente.
  • ¿La educación que estamos dando es la mejor que se puede ofrecer?

Civismo

En esta entrada no colocaré ninguna foto. Podría elegir una cualquiera de las muchas que inundan internet, las televisiones y los periódicos, pero no lo haré: no habrá ilustraciones.

Sólo palabras, y no muchas.

¡Qué lección de civismo nos está dando el pueblo japonés! Ni saqueos, ni subida de precios. Respuesta modélica a la petición de ahorro de electricidad. Nadie tiene que vigilar que cumplan las peticiones de las autoridades (parece que no hicieran falta órdenes)

Y para culminar la lección, las personas que estan poniendo en riesgo sus vidas (sabiendo que las van a perder casi con toda seguridad, y no de buena manera) tratando de refligerar los reactores nucleares, son antiguos trabajadores de la central ya jubilados que se han presentado  voluntariamente, sin haber recibido  petición alguna, por propia iniciativa. No me extraña que ya se hable de los héroes de Fukushima.

¿Cómo habrán conseguido una interiorización de las normas tan completa? ¿Qué tienen ellos que no tengamos nosotros, o al revés?

¡Cuánto tenemos que aprender! ¡Que magnífica muestra de ciudadanía!

Vocación

Hoy un compañero me ha dicho que, como bien dice la sabiduría popular, El que sabe, hace y el que no sabe, enseña. Y me lo ha explicado:

– ¿Cuantos ingenieros conoces que estén en un instituto enseñando? El que tiene otra salida no está aquí. (Que conste que conozco a más de uno)

Me ha llegado al alma.

He recordado (es lo que tiene ser mayor, siempre encuentras una anecdota que viene al caso) lo que decía uno de mis profesores de la Escuela Normal de Salamanca. Se llamaba Eulogio Hernández, enseñaba matemáticas,  y mantenía que estudiando en una ciudad universitaria con muchas opciones, los que hacíamos magisterio debíamos tener una de dos razones: falta de capacidad intelectual para estudiar una carrera más exigente o falta de capacidad económica para hacer una más larga. Y luego están las excepciones, que lo hacen por vocación.

Y añadió:

– Considerense cada uno de ustedes (sí, nos trataba de usted) una excepción y no he ofendido a nadie.

Desde luego, me consideré, y sigo considerándome, maestra por vocación, y no tengo claro que sea una excepción. Me gusta enseñar y disfruto haciéndolo. Todavía ahora, y en secundaria oblogatoria, que sin duda es la etapa más dura. Y tengo la seguridad de no ser  la única.

Pero, ¡qué difícil debe ser realizar un trabajo como el nuestro sólo porque no se tiene algo mejor!

PS. Para que se note que hay muchas personas enamoradas de esta tarea, voy a enlazar los blogs o paginas de algunos estupendos compañeros distribuidos por toda la geografía. Haciendo constar que son sólo una muestra.

El blog de la clase de Gregorio en Abrucena

Los de Carmina del curso pasado y de éste

El de Lola, Navegar sin naufragar

El de Isabel Ruiz

El de José Luis Castillo

El de Juanma Díaz

El de Marina Tristán

Los de Victor Cuevas: personal y de recursos

El de Luis Miguel Iglesias

El de Miguel Rosa

El de Jaime Olmos

Uno de Colombia

educar21.es, formación de formadores de Fernando Trujillo. Ver la presentación que hay en esta entrada. Puede significar un cambio de paradigma en la enseñanza. Se está preparando el futuro.

Y tantos otros…

PS2. Y como contraste, el humor de los pacenses en carnaval:

Reacciones

Vuelvo a la educación. Y me pregunto por qué nos cuesta tanto aceptar que, incluso con la mejor intención, no siempre hacemos las cosas bien.

Me preocupa lo mucho que nos molesta, incluso nos ofende, que se nos pidan propuestas de mejora, como si lo hiciéramos tan bien que fuera imposible mejorar. Es verdad que en muchas ocasiones hemos puesto trabajo y esfuerzo, hasta más del exigible, pero los resultados no son los esperados. ¿Tan difícil es entender que si no hemos llegado a donde debíamos (que nuestro alumnado aprenda), sean cuales sean las causas, tenemos que modificar algo? Pedir propuestas de mejora no es culparnos de los suspensos, es reconocernos como rectores del proceso educativo: lo dirigimos y no hay una única forma de hacerlo. Si una no funciona todo lo bien que se requiere, habrá que probar otra.

Sé de sobra que la otra parte, nuestros alumnos, también tienen que hacer algo. Que si quieren aprender tienen que estudiar. Pocas cosas se aprenden si uno no pone atención y esfuerzo. Pero, incluso para que ellos hagan lo suyo, a veces es necesario que nosotros intervengamos y desde luego no haciendo el pino, como se escucha tantas veces.

¿Por qué la palabra motivación levanta sarpullidos? Algunos no la necesitan, la traen de serie cuando nos llegan, y con ellos (más veces ellas) disfrutamos. Aprenden incluso a pesar nuestro, cuando nos centramos en los otros y apenas les prestamos la atención que haría que alcanzaran la excelencia.

A otros, para desgracia nestra, (y suya) no les gusta la escuela. No digo que no les guste aprender, porque no creo que sea cierto. No les gusta aprender lo que queremos enseñarles, no les interesa. Para una parte de nuestro alumnado esta escuela tan academicista no es adecuada. Para ellos son necesarias las técnicas de motivación. ¿Seguro que las estrategias que usamos son las únicas posibles? ¿Las mejores?

Nos gustaría seleccionar al alumnado, enseñar sólo a los que quieren aprender con nuestros métodos. Pero somos profesores y profesoras de la escuela pública y nuestra función es enseñar a todos. Las condiciones las marca la administración educativa, con las leyes vigentes, que nos pueden gustar más o menos, pero son las que hay. Y si no queremos aceptarlas, no es obligatorio estar aquí.

Nos molesta que el servicio de inspección tenga el encargo de conseguir que los centros mejoremos los resultados académicos. ¿Cuál otra debería ser su función, aparte de que se cumplan las leyes?

Los objetivos marcados por la Comunidad Europea están claros, y estamos lejos de conseguirlos. ¿Nos acercaremos a ellos con palmaditas en la espalda si tenemos casi la mitad del alumnado en condiciones de repetir curso?

Hay más de una forma de ver las cosas. He aquí una muestra:

Alimentación infantil

Hoy, en una clase de primero de primaria (6 años al menos, algunos ya 7 cumplidos), la maestra insiste para que coman la fruta, fresca y variada, que un programa de la Consejería les ofrece gratuitamente.

Foto de http://www.gastronomiaycia.com/2008/07/29/

Algunos niños se niegan en redondo: ellos no comen esas cosas (manzana, pera y uvas, tocaban hoy).

Les explica que es necesario comer fruta para estar sanos. No importa. No la ha probado nunca, reconocen, pero no le gusta.

Luego, una madre lo explica: su hijo sí come fruta: en potitos.

Inaudito. Con 7 años, alimentación de bebé. Con tal de no llevarle la contraria, lo que sea.

¿Cuándo y dónde se le dice a demasiados niños que NO? En la escuela.