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Reacciones

Vuelvo a la educación. Y me pregunto por qué nos cuesta tanto aceptar que, incluso con la mejor intención, no siempre hacemos las cosas bien.

Me preocupa lo mucho que nos molesta, incluso nos ofende, que se nos pidan propuestas de mejora, como si lo hiciéramos tan bien que fuera imposible mejorar. Es verdad que en muchas ocasiones hemos puesto trabajo y esfuerzo, hasta más del exigible, pero los resultados no son los esperados. ¿Tan difícil es entender que si no hemos llegado a donde debíamos (que nuestro alumnado aprenda), sean cuales sean las causas, tenemos que modificar algo? Pedir propuestas de mejora no es culparnos de los suspensos, es reconocernos como rectores del proceso educativo: lo dirigimos y no hay una única forma de hacerlo. Si una no funciona todo lo bien que se requiere, habrá que probar otra.

Sé de sobra que la otra parte, nuestros alumnos, también tienen que hacer algo. Que si quieren aprender tienen que estudiar. Pocas cosas se aprenden si uno no pone atención y esfuerzo. Pero, incluso para que ellos hagan lo suyo, a veces es necesario que nosotros intervengamos y desde luego no haciendo el pino, como se escucha tantas veces.

¿Por qué la palabra motivación levanta sarpullidos? Algunos no la necesitan, la traen de serie cuando nos llegan, y con ellos (más veces ellas) disfrutamos. Aprenden incluso a pesar nuestro, cuando nos centramos en los otros y apenas les prestamos la atención que haría que alcanzaran la excelencia.

A otros, para desgracia nestra, (y suya) no les gusta la escuela. No digo que no les guste aprender, porque no creo que sea cierto. No les gusta aprender lo que queremos enseñarles, no les interesa. Para una parte de nuestro alumnado esta escuela tan academicista no es adecuada. Para ellos son necesarias las técnicas de motivación. ¿Seguro que las estrategias que usamos son las únicas posibles? ¿Las mejores?

Nos gustaría seleccionar al alumnado, enseñar sólo a los que quieren aprender con nuestros métodos. Pero somos profesores y profesoras de la escuela pública y nuestra función es enseñar a todos. Las condiciones las marca la administración educativa, con las leyes vigentes, que nos pueden gustar más o menos, pero son las que hay. Y si no queremos aceptarlas, no es obligatorio estar aquí.

Nos molesta que el servicio de inspección tenga el encargo de conseguir que los centros mejoremos los resultados académicos. ¿Cuál otra debería ser su función, aparte de que se cumplan las leyes?

Los objetivos marcados por la Comunidad Europea están claros, y estamos lejos de conseguirlos. ¿Nos acercaremos a ellos con palmaditas en la espalda si tenemos casi la mitad del alumnado en condiciones de repetir curso?

Hay más de una forma de ver las cosas. He aquí una muestra:

Noticias de educación

Hace un par de días,  un compañero destacaba en uno de sus blogs la publicación en la prensa de papel de dos noticias sobre educación en el mismo día. Y la verdad es que ninguna de ellas era buena. Tomé nota de su post porque quería tomarlo como punto de partida de una entrada mía aquí, pero las ocupaciones diarias me han impedido hacerlo hasta hoy.

En los comentarios posteriores, Juan Pedro Serrano hace una pregunta a la que deberíamos dar respuesta cuanto antes:

Por qué narices no nos ponemos todos manos a la obra, y acabamos con esta realidad tan increiblemente frustrante… ¿para todos?

Siempre tuvimos la idea de que al poder autocrático no le interesaba la educación, porque es más fácil manejar a la masa sin criterio, sin sentido crítico. Pero en una democracia la mejor inversión debe ser la que se hace en educación, porque se hace en futuro. La pregunta que hace el compañero nos la hacemos muchos: ¿de verdad le interesa la educación al gobierno y a la oposición de este país?

Mientras todos no vayamos a una será difícil dar la vuelta a la tortilla, pero  cada uno de nosotros en nuestro ámbito tenemos cosas que hacer, mejoras que introducir. Y no son las leyes las que cambian la realidad de las aulas, sino el profesorado que las aplica… cuando cree en ellas.

Tenemos más colaboración de la que se observa a primera vista:

  • Muchos padres lo hacen francamente bien, aunque nos llamen más la atención los otros, porque nos obligan a sustituirlos de alguna manera.
  • Tenemos alumnos, y alumnas, estupendos, que se entusiasman con nosotros, que nos seguirían al fin del mundo (metafóricamente hablando, claro) Y tambien otros que sólo quieren perdernos de vista. (Hoy viernes están de enhorabuena).
  • Las AMPAs en muchos casos echan una mano nada despreciable.
  • Hay compañeros fantásticos, que nos enseñan todos los días, incluso sin hablar, estrategias para mejorar nuestra enseñanza y nuestras relaciones con el alumnado, que nos facilitan la tarea con sólo estar allí.

    Imagen de elorienta.com
  • Los orientadores, esos profesionales tan mal recibidos al principio, y que se han hecho un hueco en los institutos por la mucha colaboración que prestan a todos, por la ayuda que suponen en situaciones difíciles y en el trabajo diario.
  • Nuestro cupo de profesorado permite una ratio que no tiene nada que ver con la de otros tiempos no tan lejanos: yo he tenido 52 alumnas de 1º de EGB en un colegio privado (en un aula larga y estrecha llena de humedad), 30 alumnos y alumnas de 5 años a 6º de EGB en una unitaria (la calificación era: unitaria, mixta, diseminada, de difícil desempeño) sin luz eléctrica ni agua corriente, entre 40 y 45 era normal en cualquier grupo de EGB
    Imagen tomada de recursos.cepindalo.es

    De http://bit.ly/fLABZz
  • Los medios con los que contamos, que nada tienen que ver con la saliviña, que era prácticamente nuestra única herramienta, segun decía un inspector recien llegado de Galicia.
De picasaweb.google.com

Y hay que recordar que las condiciones laborales del profesorado han mejorado mucho: ademas de lo dicho en los puntos anteriores, hace diez años las horas de docencia eran de 21 a 23, reales, para la inmensa mayoría. Hoy son 18 sobre el papel pero hay que quitar las reducciones por jefaturas, tutorías, planes, … Que está muy bien, no son las nuestras las únicas condiciones que han mejorado, lo han hecho todas, indudablemente. Pero no está mal mirar con un poco de perspectiva cuando nos sentimos tan mal tratados por la Administración.

Resumiendo: mientras esperamos el acuerdo de todos para cambiar todo lo necesario, cambiemos cada uno aquello que es posible y la mejoría habrá empezado.

Imagen de cepdecastilleja.com

Si se calla el cantor, calla la vida.

Por fin

Parece que finalmente la Consejería de Educación nos da la razón a los que pensamos que el fracaso escolar se gesta… en infantil y el principio de la primaria. Y están dispuestos a tomar medidas adecuadas a las necesidades de cada centro:

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Una prueba rastreará el origen del fracaso escolar a los 7 años

Educación adelanta el diagnóstico de lengua, escritura y cálculo a 2º de Primaria.


El 10% de los alumnos ya ha perdido algún curso antes al terminar Primaria.Foto: Gregorio Barrera


La Consejería de Educación estrenará -en mayo o junio- una «prueba universal» de evaluación que medirá el nivel de lectura, escritura y cálculo en 2o de Primaria. El examen va dirigido a niños de 7 años que sólo llevan un curso dentro de la educación obligatoria. Es ahí donde la consejería intuye la raíz del fracaso escolar.

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La noticia completa aquí.

Y aquí, mi comentario del 15 de enero al hilo del revuelo a causa del proyecto de ley de Extremadura, en el que insistía en lo ya expresado con anterioridad a propósito de los resultados del Informe PISA.

Me dan la razón. Por fin.

Incentivos

Parece que el anteproyecto de Ley de Educación de Extremadura ha causado revuelo porque habla de incentivos económicos al profesorado. Se dice que el malestar viene de que se tendrán en cuenta los resultados académicos del alumnado. Aquí y aquí se pueden leer artículos de prensa sobre el tema, y aquí la interpretación de la Consejera.

Me llaman la atención algunas cosas:

  • Siempre hemos considerado injusto que aquellos que cumplen y ya está, e incluso los que ni siquiera cumplen, que los hay, al final de mes cobren lo mismo que aquellos que se implican de veras en el funcionamiento de los centros, en el aprendizaje de sus alumnos, en la formación de los padres…
  • Cuando surge la posibilidad de aceptar incentivos por mejorar, reaccionan en contra con la misma virulencia los mejores profesionales (ya hacen lo que pueden ¿qué van a mejorar?; que no les pidan además papeles, evidencias de su buen hacer, que su tiempo lo dedican a lo productivo: enseñar a sus alumnos) y los peores (los que presumen de no llevarse a casa ni un papel, de no dedicar a la enseñanza, que no educación, más tiempo que el que están en el centro, de desconectar tan pronto salen por la puerta, de no hacer actividades extraescolares, de no recibir padres…)
  • Nunca se le supone buena intención al legislador: están intentando comprar resultados o están dando por supuesto que la causa del fracaso escolar es la mala práctica docente, por eso plantean los incentivos. Cuando la Junta de Andalucía propuso el Programa de Calidad y Mejora, (que supone hasta 7000 euros en cuatro cursos para el profesorado que se implique en la consecución de unos objetivos que el propio centro determina) un ingente número de buenos profesionales se sintieron ofendidísimos porque entendían que la propuesta implicaba esas opciones ofensivas y ninguna otra. La mayoría de los centros no aceptó la propuesta, y muchos de los que la aceptaron hicieron poco más que redactar lo que ya hacían con antelación.
  • A cambio, el profesorado reclama, con buen criterio, la reducción del número de alumnos por grupo. De acuerdo, con algunos matices:
    • Es más importante la atención al alumnado con dificultades por personal especializado, incluso dentro del aula, que la reducción excesiva del número. Los grupos necesitan un cierto número crítico para funcionar.
    • En el caso de primero de primaria, la necesidad de profesorado de apoyo se hace especialmente evidente. El alumnado que no consigue dominar la lectoescritura y los fundamentos matemáticos en su momento, tienen muchas posibilidades de no conseguir el éxito escolar. Atender sus necesidades específicas es imprescindible y no se está haciendo, al menos no en la medida necesaria.
    • Ningún grupo debe sobrepasar el número que se fija en la ley para cada tipo de enseñanza. Sin subterfugios.
    • En ESO ese número no debe ser mayor de los 25 de primaria, al menos en los dos primeros cursos. La diversidad del alumnado aumenta con los años que van pasando, y la adolescencia añade problemas que antes no existian. No es posible una atención adecuada con grupos más numerosos. En tercero y cuarto los programas de diversificación curricular disminuyen la ratio en la mayoría de las materias.
    • Es imprescindible que los institutos dispongan de alternativas que ofrecer al alumnado adolescente que es refractario al trabajo académico. Los objetores escolares son en muchos casos chicos con otros intereses, que cuando encuentran un trabajo que les gusta son buenos profesionales. La misma tarea escolar en grupos más pequeños puede permitir un mayor control pero no siempre un mayor éxito.
    • La reducción de la ratio sólo es eficaz cuando la atención al alumnado es lo más individualizada posible. En las clases magistrales el número no influye en los resultados.
  • La mejora de los resultados en las pruebas PISA en el caso de Portugal parece que va ligada a una actuación basada en los incentivos por resultados. Ya lo comentamos aquí.
  • Aumentar el porcentaje de chicos y chicas que terminan la secundaria obligatoria con éxito, así como el de los que realizan enseñanzas posobligatorias, especialmente Formación Profesional, es una necesidad ineludible. No me parece mal que se incentive el mayor esfuerzo por conseguirlo, acompañado de los medios necesarios.
  • He leído el proyecto de ley extremeña y no he encontrado que relacione los incentivos con las notas del alumnado. A continuación pego la cita textual relacionada con ellos, y enlazo con el texto completo.

Artículo 156. Incentivos económicos y profesionales.

1. La Administración educativa establecerá un sistema de carrera profesional vinculado a la formación acreditada y a la mejora de la práctica docente. Todo ello ligado a los resultados de una evaluación voluntaria del ejercicio profesional.
2. La Administración regulará la asignación de incentivos de carácter profesional y económico vinculados a planes de innovación educativa, proyectos bilingües, uso pedagógico de las tecnologías de la información y la comunicación, así como otros que reconozcan la labor del profesorado y su especial dedicación al centro.
3. En particular, la Administración educativa favorecerá la permanencia del profesorado, sea de carrera o interino, en aquellos centros radicados en áreas de marcado carácter rural o centros que precisen de medidas singulares derivadas de las
necesidades del alumnado y de las características del entorno y que, por tanto, pueden estar sujetos eventualmente a un elevado índice de movilidad del personal docente. A tal efecto, y sin perjuicio de los incentivos económicos que puedan  arbitrarse, la Administración primará como mérito específico el desempeño continuado de puestos de trabajo en dichos centros tanto en los concursos de traslado que le corresponda
organizar como en los procedimientos de selección de los funcionarios interinos.


Volver a empezar

A punto de comenzar el nuevo trimestre, después de haber preparado las primeras clases, es hora de hacerse el cuerpo para retomar la lucha:

  • Recordar las normas de clase.
  • Repasar lo aprendido porque lo que hay que aprender se basa en lo que ya se sabe.
  • Organizar la recuperación de los que no aprobaron.
  • Buscar actividades que resulten interesantes y faciliten la adquisición de conocimientos.
  • Aplicar los conocimientos y convertirlos en competencias.
  • Decidir qué tarde venimos a hacernos una cuenta en WordPress para poder intervenir en el Blog de la clase que estamos empezando a usar. Y el que quiera, un blog personal.
  • Comprobar que traemos las pilas recargadas y la cuerda a tope.
  • Terminar la redacción del Proyecto Educativo.
  • Revisar los resultados del primer trimestre y hacer propuestas para mejorarlos en el segundo: reajuste de grupos, animación a la lectura, trabajo de vocabulario, hablar en público…
  • Reuniones con padres cuya actuación es necesaria y sin embargo insuficiente.
  • Preparar las reuniones de Claustro y Consejo Escolar.

¡Tantas cosas! Y lo curioso es que al segundo día ya parece que llevas al menos una semana, o un mes. Todo ha vuelto a su sitio.

Es llamativo cómo algunas familias, madres y padres, se sorprenden de los malos resultados de sus hijos, especialmente en primero: les han visto, y permitido, pasar las tardes enteras en el fútbol, jugando a la consola, o con los amigos (se quejan de lo que les gusta salir, de repente), o con el novio o la novia ¡?. Aunque desde el principio se les informó de la necesidad del trabajo diario, han visto las pruebas escritas y tienen en la agenda notas parciales, esperaban, igual que los adolescentes, que si estudiaban los dos o tres últimos días del trimestre podrían compensarlo.

También se sorprenden los que trabajan diariamente. Muchos de ellos pensaban que el salto al instituto era demasiado grande y cuando las notas responden a su esfuerzo casi le parece mentira. ¡Cómo disfrutan! Y nosotros con ellos.

A nosotros, profesoras y profesores, nos sorprende y nos preocupa que haya padres y madres que pasan de la formación académica y humana de sus hijos, que se limitan a decir que no saben qué hacer con ellos, que se acostumbran a que tomen decisiones, a todas luces equivocadas, sin darles cuenta, que, en resumen, no se responsabilizan de su educación.

Son pocos, pero se notan mucho. La actitud de los chicos y los sentimientos, pensamientos y realidades que verbalizan no dejan lugar a dudas:

– No le hago caso a mi padre y te lo voy a hacer ti.

– A mi madre le da igual lo que yo haga.

Y en algunos casos es aún peor:

– Mi madre va a venir y te vas a enterar. (Aunque sea repetida colocaré la ilustración de una entrada anterior)Y viene, por propia iniciativa o a requerimiento nuestro, y es ella la que termina enterándose de por dónde camina su hija, o su hijo, que no es precisamente por donde ella pensaba. Al respecto tomé nota cuando lo vi de un artículo ilustrativo: los padres reclaman por lo accesorio, creyendo a pies juntillas la información que les dan los chicos, y no suelen hacerlo cuando de veras hay motivos. Son datos de la inspección.

Deseo a todos un buen trimestre.

Reflexiones en torno al informe PISA

Como saben soy una de las personas afectadas. Después de casi 40 años a pie de obra en la educación en Andalucía, en primaria y en secundaria, debo tener alguna responsabilidad en los resultados y debiera ser capaz -si no sucede que los árboles no me dejen ver el bosque- de analizar causas y proponer actuaciones.

Los resultados andaluces, dentro del pelotón del que habla Julio Carabaña en el artículo que citaba en la entrada anterior, están entre los peores, al nivel de Grecia

Es verdad que en Andalucía de partía de una situación peor: el nivel de analfabetismo y de desescolarización temprana era más alto. Pero han pasado demasiados años para que sigamos recurriendo al retraso ancestral para justificar la situación actual.

Es verdad que ésta y otras pruebas contrastadas indican que el nivel de estudios de los padres y las actividades culturales de la familia (el número de libros que hay en casa, por ejemplo) influyen más en los resultados que la actuación de la escuela. Y éste y otros estudios dicen que tenemos uno de los sistemas educativos más compensadores de deficiencias sociales y económicas del alumnado: el segundo, después de Finlandia.

Pero la tercera parte de nuestro alumnado se va del sistema sin obtener la titulación mínima, el Graduado en ESO. Los repetidores lastran los resultados y lastran el trabajo en las aulas. En algunos casos hasta lo impiden.

La repetición no soluciona el problema, lo amplifica, decimos muchas veces. Es verdad, en parte. La repetición de curso es eficaz para aquellos chicos y chicas que la necesitan, bien porque una enfermedad les ha impedido alcanzar las competencias necesarias o porque necesitan más tiempo que los demás para adquirirlas. Si entienden bien la situación, la cosa funciona.

En otros casos (falta de trabajo e interés, disrupción), cuando es un castigo que se les impone por los logros no alcanzados (a veces hasta reconociendo que como son inteligentes podrían alcanzar a sus compañeros si quisieran: es decir, es dudoso que no tengan las competencias necesarias), el problema, efectivamente, aumenta: no sólo se desentienden de una clase que les aburre (es repetida), sino que no conectan con el grupo, y mejor que no lo hagan, porque otros pueden imitar su actitud insolente, y seguir su estela.

¿Como hemos conseguido que una conquista social indudable -escolarización obligatoria hasta los 16 años- se convierta en un problema tan grave? Porque éste es el alumnado que antes -en esos tiempos pasados que tanto profesorado considera mejores- no estaban en la escuela. Se iban. Y siguen queriendo irse. Son objetores escolares. Una escuela tan academicista no esta hecha a su medida. O la cambiamos o la cambiamos. A no ser que queramos mantener los resultados, inamovibles mientras ellos (y ellas, en menor medida) estén ahí.

Hay otro camino, preventivo, cuyos frutos se notarían a medio plazo, que sería más eficaz a la larga que el cambio de trabajo en secundaria: la atención de las necesidades de cada alumno y cada alumna en infantil y primaria. El dominio de la lectoescritura y los conceptos numéricos es fundamental para los aprendizajes posteriores. Esta afirmación no está basada en una estadística realizada científicamente, sino en lo observado en 40 años: el alumnado que termina primero de primaria sin el dominio necesario en estos campos está condenado al fracaso escolar. Otros pueden fracasar, pero éstos lo hacen con muy pocas excepciones.

Hay un país, vecino nuestro, Portugal, cuyos resultados han mejorado significativamente en los últimos tres años (alrededor de 20 puntos). Saber qué han hecho puede darnos pistas sobre qué hacer, aunque no seguridades.

La receta portuguesa consiste en:

  • Han dedicado más recursos a los estudiantes de los sectores más débiles económicamente. Ordenadores, libros, acceso a banda ancha, cursos de inglés y otras actividades han tenido subsidio gubernamental, desde el primer año de Primaria hasta el final de Secundaria.
  • Nuevo sistema de evaluación de profesores y escuelas, que generó amplias protestas de los afectados y de los partidos de oposición, pero que ha mejorado la eficiencia escolar y ha disminuido el absentismo.
  • Ha mejorado la formación del profesorado, sobre todo en enseñanza de portugués, matemáticas y tecnología de la información.
  • Planes estratégicos de lectura y matemáticas a nivel nacional.

Puede que no vaya muy desencaminada la Propuesta del Consejero: Ampliar el horario dedicado a las materias instrumentales, especialmente en primaria. La verdad es que nunca debió disminuirse. Pero si hay que impartir otras enseñanzas algo habrá que quitar. Será que hay que elegir. Pero me parece muy incompleta (la propuesta). Se sabe lo que se quiere, pero no está claro cómo conseguirlo.

Me quedan muchas cosas que decir (seguiré en otra ocasión) sobre funcionamiento de centros (aunque los estudios digan que la diferencia entre centros es menor que la diferencia entre alumnos), evaluación, actitud del profesorado y de las familias y su repercusión en el aprendizaje, los medios de comunicación, el uso de las TIC…

Continuará, pero un aperitivo: lo escribe un padre periodista y habla de

Una siesta de doce años

El Informe PISA y la educación en España

Después de que se hayan publicado muchas informaciones sobre los resultados del InformePISA09, cuyas 208 páginas pocos hemos leido, pese a lo cual se pueden encontrar multitud de opiniones, casi todas malas, sobre lo que aporta respecto a los tres aspectos que evalúa en los chicos y chicas españoles de 15 años, voy a empezar por resumir sus conclusiones, antes de hacer ningún comentario:

  • La diferencia en lectura entre los paises desarrollados es muy pequeña, menos de un nivel de los seis que establece. El resultado de España está estre ellos.
  • El rendimiento lector de años pasados es un excelente indicador que predice los resultados futuros.
  • En los niveles socioeconómicos más modestos el alumnado español obtiene mejores resultados que los del promedio OCDE y que la mayoría de los países seleccionados; sin embargo, en los niveles socioeconómicos más favorecidos los resultados españoles son más modestos que los de la OCDE.
  • Los alumnos españoles que no han repetido curso y se encuentran en 4º de ESO, que es el curso que les corresponde por edad, obtienen 518 puntos en comprensión lectora, netamente por encima del Promedio OCDE.
  • Los resultados españoles y los del conjunto de países de la OCDE han sido estables entre 2000 y 2009, se han mantenido las diferencias moderadas entre España y los promedios de los países mediterráneos, y unos y otros se sitúan a escasa distancia del resto de los países europeos.
  • Los resultados españoles han mantenido en las tres competencias valores elevados en las diferentes variables utilizadas para medir la eficacia de los sistemas educativos, para ofrecer igualdad de oportunidades a sus alumnos o para compensar las desigualdades que provienen de los entornos sociales, económicos y culturales.
  • La repetición de curso es el fenómeno que más negativamente afecta a los resultados de los alumnos españoles. Al ser el porcentaje de repetidores tan elevado y sus puntuaciones tan bajas, el promedio español se ve afectado de modo considerable.

El resumen está extraido literalmente de las conclusiones que se encuentran en las páginas 153-157. El destacado es mío.

Leyendo estas conclusiones, ¿es lógico tanto derrotismo? No digo que no tengamos que preocuparnos, que no haya que mejorar. Todos queremos estar en los puestos de cabeza, pero no en el país en el que más adolescentes se suicidan, por ejemplo (revisen las tasas de Corea y Finlandia) La mayor parte de las comunidades, y España en su conjunto, no están mal.

Miren cómo lo explica el Catedrático de Sociología de la Complutense Julio Carabaña, en un exhaustivo trabajo de 100 páginas que enlazo al nómbre. Según él,

“¡No hay más que mirar los resultados del Informe PISA!”, dice, con la seguridad de haber leído la prensa, todo aquel que quiere dar una prueba irrefutable de que el sistema educativo español está hecho un desastre.
Y sin embargo, si se miran de verdad los Informes PISA lo que se encuentra es algo bien distinto. No, ciertamente, que España vaya a la cabeza de los países desarrollados, pero sí que España se encuentra entre los países desarrollados. Los alumnos españoles obtienen puntuaciones iguales a los de la media de la OCDE. No van a la cola, sino en el grueso del pelotón.
Gracias a este Informe sabemos que en lo que se refiere a resultados globales la Enseñanza Básica española es aceptablemente eficaz y sumamente eficiente. Según el informe PISA, los alumnos españoles alcanzan en lectura una nota (en la escala habitual del 1 al 10) de 4,93, en Matemáticas de 4,76 y en Ciencias de 4,91, que hay que comparar con una media de 5 del conjunto de los países. La
proximidad entre los países es tan grande que el orden carece de importancia: se parece mucho a la llegada en pelotón en una carrera ciclista.

Aquí tienen también la opinión de un psicólogo,  Alfredo Oliva, en el mismo sentido.

Enric Renau, insiste en otro aspecto: el escaso número de los que alcanzan la excelencia. Y este es un dato importante. Parece que nos conformamos con poco. Como él dice, ahí queda mucho por hacer.

El Editorial de El País del día 9 destaca la diferencia entre comunidades, y ésta en la que yo trabajo, Andalucía, es una de las de cola. A ella dedicaré una próxima entrada con otras reflexiones.

Por hoy está bien.