Archivo por meses: febrero 2011

Eso no se hace

Si las miradas mataran yo no estaría viva.

Esta mañana, en una tienda de muebles, mientras una mamá miraba un catálogo, sus peques (2 y 3 años, más o menos) hacían de las suyas por la tienda. La pobre dependienta no sabía como controlar la situación. Les pedía que salieran del interior de los muebles, que se bajaran de los sofás… sin que la madre se diera por aludida.

Al pasar junto a ella para salir, no me contuve:

– Si no se anda con cuidado va a tener que pagar aunque no compre.

Su mirada fue todo un poema.

Una vez más, la actitud materna me hace pensar que es en la escuela donde a muchos niños se les dice por primera vez NO, eso no se hace. Y no debería ser así.

Y aquí una muestra de las excentricidades paternas:

http://www.youtube.com/watch?v=n_gbnp0rVlQ

Niño, deja ya de joder con la pelota

Nueva académica de la lengua

Otra mujer -ya era hora- forma parte de la Real Academia de la Lengua. Se llama Inés Fernández-Ordóñez y es filóloga.

Hoy he leido una entrevista que le hace Iker Seisdedos en el País y me han llamado la atención algunas de sus afirmaciones:

Imagen tomada de es.globedia.com
  • En el colegio no estudiamos lengua, sino un dialecto que se llama la lengua de la cultura escrita. En ese dialecto nos entrenamos, porque de su dominio depende nuestro éxito social.
  • Es inapropiado pretender solucionar problemas sociales por la vía del lenguaje. Es fijarse en lo que menos ayuda a los cambios sociales. Es como cuando dicen que las mujeres son invisibles porque el plural se hace en masculino. (Respecto al sexismo de la lengua)
  • La variedad lingüística es consustancial de la lengua. El dialecto es la lengua de la amistad, de la intimidad, del coloquio.

No estoy tan segura como ella de la falta de trascendencia del uso que se hace de masculinos o femeninos, aunque, por supuesto, no se me ocurre decir miembra, ni creo que tengamos que ser tan políticamente correctos como otras preconizan.

Echo de menos a un compañero filólogo con el que solía debatir estas y otras cuestiones. Por ejemplo, comprobamos que la ruta de la plata, además de objetos transportaba cultura. Encontramos palabras que se usan en sus alrededores en zonas tan distantes como parte de las provincias de Sevilla y Salamanca, sin que sean conocidas en otras zonas de Andalucía (Sevilla incluida).

Morir de hambre viviendo con la familia

Leí la noticia el viernes: Detienen a la familia de una mujer que murió de inanición.

Padecía depresión y vivía con otras cinco personas, todas familiares: el marido, un hijo de 14 años, una hija casada, el yerno y un nieto de siete meses.

Debía ser difícil tratar con ella, ¿quién lo duda? Pero, ¿hasta que punto hay que haber perdido la humanidad para dejarla morir sin atención alguna, no ya médica, sino ni siquiera aseo, ni alimentación? ¿Cómo se puede vivir al lado de alguien y dejar que se pudra, literalmente, sin hacer nada para evitarlo?

En el mundo en que vivimos es difícil atender a las personas dependientes y es necesario que sea la sociedad la que se haga cargo de una parte importante de la tarea. Pero más importante, o al menos tanto, es, sin duda, la parte que la familia debe ofrecerle: la afectiva. ¿Quién puede suplir el cariño de una madre, de un hijo, de una mujer o un marido? ¿Y cómo puede cualquiera de ellos abandonar al otro cuando enferma, cuando deja de tener capacidad para tomar decisiones acordes con sus necesidades?

En las excavaciones de Atapuerca se han encontrado evidencias de que aquellos primitivos cuidaban a los indefensos: el esqueleto de un lisiado de joven que murió viejo. Sin ayuda no hubiera llegado a adulto. Y en el siglo XXI sucede esto.

Enlazo la reflexión con otra que tangencialmente se relaciona con la noticia. O no tan tangencialmente. ¡Cuantas veces al conocer la situación terminal de quien padece una enfermedad dolorosa, invalidante, o, especialmente, incapacitante mentalmente, que solo deja una vida de sufrimiento sin finalidad, porque no hay alternativa, hemos pensado que no queremos vivir así! Al menos yo lo he pensado y lo he dicho. Y lo mantengo: no quiero sufrir una larga agonía si puedo evitarlo. La vida tiene sentido cuando se vive, no cuando se padece sin esperanza.

El hambre, poema de Miguel Hernandez, musicado por Serrat, que viene a cuento.

Redes sociales

Estos días ha estado alborotado el patio en Internet. Tanto, que la repercusión de lo que se decía (escribía) en Twitter se ha reflejado en el resto de los medios de comunicación de masas en España, que los movimientos sociales en Túnez y Egipto se han convocado y retroalimentado a través de las redes sociales. Y todo parece indicar que no terminan aquí.

Desde 2005, según cuentan los documentos de Wikileaks, los blogueros egipcios estaban «desempeñando un importante papel al ensanchar el espectro de libertad de expresión y las discusiones sociales y políticas». Y cuando la represión actuó, desde Facebook se convocó una huelga general con mucho éxito. Todavía no se sabe cómo terminará, pero está claro que el mundo árabe se está moviendo y ya nunca será igual, y ello habría sido impensable, al menos de momento, sin la comunicación que ha partido de la red.

La movida española en Twitter, que cabría calificar de anecdótica si no se hubiera desbocado hasta terminar con el trabajo de Vigalondo en El País de mala manera, hace pensar que los adultos, igual que los adolescentes con los que trabajo, por una parte nos tomamos a veces demasiado en serio minucias que no lo merecen (un twit provocador de Pérez Reverte, o de Vigalondo, o uno en el que Bisbal manifuesta su poca cultura), y por otra no somos conscientes de que lo que decimos en público, aunque lo hagamos desde la intimidad de nuestro ordenador o cualquier otro terminal informatizado, queda escrito y se puede interpretar de más de una forma.

El uso que hacemos de las redes sociales, tanto jóvenes como adultos,  no es inocuo. Puede ser inocente, pero tiene consecuencias, buenas y malas, como todas las actividades humanas. Y una vez la bola comienza a rodar pendiente abajo ya no hay quien la pare.

Todos conocemos a alguien cuya página en una red le hizo perder un trabajo, o fue el detonante de su ruptura matrimonial, niñas que cuelgan fotos cuya trascendencia ni siquiera imaginan, ladrones a los que se facilita el trabajo diciéndoles cuándo dejamos la casa vacía…

Y también personas que se han salvado por avisos en la red, información precisa en el momento en que la necesitas, ahorro de tiempo en gestiones inaplazables… Y la inyección que va suponer para Save The Children el libro Espía de Dios que su autor, Juan Gómez-Jurado, ha colocado en itunes para su descarga gratuita, y lo ha contado en Twitter  pidiendo a cambio que se ingrese un euro en la cuenta de la ONG.

Y aulas TIC. La posibilidad de un cambio real en la enseñanza. Insisto en lo de posibilidad. Si hacemos lo mismo con medios digitales se quedará en eso: po-si-bi-li-dad. Pero puede ser otra cosa. ¿Habeis visto la cara con la un alumno te enseña un mapa conceptual con información desplegable, fotos, videos y enlaces que ha buscado? ¿O con la que te dice o escribe: -He colocado el trabajo en mi blog?

Internet y las redes son herramientas y se pueden usar para lo mejor y para lo peor. Vamos a vivir con ellas, queramos o no, (pienso que la mayoría queremos), aunque a algunos les den mucho miedo, entre otros a muchos padres y madres que se sienten incapaces de controlar lo que sus hijos, demasiado pequeños, dicen y cuelgan en tuenti y en facebook.

Interesante artículo publicado por Microsiervos.

Víctimas de Twitter, publicado en El Correo. Yo lo encontré a través de Enrique Dans.

Un incendio que se extiende, de Lluis Basset.

Enlaces sobre seguridad en la red: para alumnado (información y un juego) y para padres, que mañana es el Día Internacional de Internet Seguro.

Si lo que quieres es vivir cien años, de Sabina

Noticias de educación

Hace un par de días,  un compañero destacaba en uno de sus blogs la publicación en la prensa de papel de dos noticias sobre educación en el mismo día. Y la verdad es que ninguna de ellas era buena. Tomé nota de su post porque quería tomarlo como punto de partida de una entrada mía aquí, pero las ocupaciones diarias me han impedido hacerlo hasta hoy.

En los comentarios posteriores, Juan Pedro Serrano hace una pregunta a la que deberíamos dar respuesta cuanto antes:

Por qué narices no nos ponemos todos manos a la obra, y acabamos con esta realidad tan increiblemente frustrante… ¿para todos?

Siempre tuvimos la idea de que al poder autocrático no le interesaba la educación, porque es más fácil manejar a la masa sin criterio, sin sentido crítico. Pero en una democracia la mejor inversión debe ser la que se hace en educación, porque se hace en futuro. La pregunta que hace el compañero nos la hacemos muchos: ¿de verdad le interesa la educación al gobierno y a la oposición de este país?

Mientras todos no vayamos a una será difícil dar la vuelta a la tortilla, pero  cada uno de nosotros en nuestro ámbito tenemos cosas que hacer, mejoras que introducir. Y no son las leyes las que cambian la realidad de las aulas, sino el profesorado que las aplica… cuando cree en ellas.

Tenemos más colaboración de la que se observa a primera vista:

  • Muchos padres lo hacen francamente bien, aunque nos llamen más la atención los otros, porque nos obligan a sustituirlos de alguna manera.
  • Tenemos alumnos, y alumnas, estupendos, que se entusiasman con nosotros, que nos seguirían al fin del mundo (metafóricamente hablando, claro) Y tambien otros que sólo quieren perdernos de vista. (Hoy viernes están de enhorabuena).
  • Las AMPAs en muchos casos echan una mano nada despreciable.
  • Hay compañeros fantásticos, que nos enseñan todos los días, incluso sin hablar, estrategias para mejorar nuestra enseñanza y nuestras relaciones con el alumnado, que nos facilitan la tarea con sólo estar allí.

    Imagen de elorienta.com
  • Los orientadores, esos profesionales tan mal recibidos al principio, y que se han hecho un hueco en los institutos por la mucha colaboración que prestan a todos, por la ayuda que suponen en situaciones difíciles y en el trabajo diario.
  • Nuestro cupo de profesorado permite una ratio que no tiene nada que ver con la de otros tiempos no tan lejanos: yo he tenido 52 alumnas de 1º de EGB en un colegio privado (en un aula larga y estrecha llena de humedad), 30 alumnos y alumnas de 5 años a 6º de EGB en una unitaria (la calificación era: unitaria, mixta, diseminada, de difícil desempeño) sin luz eléctrica ni agua corriente, entre 40 y 45 era normal en cualquier grupo de EGB
    Imagen tomada de recursos.cepindalo.es

    De http://bit.ly/fLABZz
  • Los medios con los que contamos, que nada tienen que ver con la saliviña, que era prácticamente nuestra única herramienta, segun decía un inspector recien llegado de Galicia.
De picasaweb.google.com

Y hay que recordar que las condiciones laborales del profesorado han mejorado mucho: ademas de lo dicho en los puntos anteriores, hace diez años las horas de docencia eran de 21 a 23, reales, para la inmensa mayoría. Hoy son 18 sobre el papel pero hay que quitar las reducciones por jefaturas, tutorías, planes, … Que está muy bien, no son las nuestras las únicas condiciones que han mejorado, lo han hecho todas, indudablemente. Pero no está mal mirar con un poco de perspectiva cuando nos sentimos tan mal tratados por la Administración.

Resumiendo: mientras esperamos el acuerdo de todos para cambiar todo lo necesario, cambiemos cada uno aquello que es posible y la mejoría habrá empezado.

Imagen de cepdecastilleja.com

Si se calla el cantor, calla la vida.

Medidas

Aunque a algunos nos pueda parecer mentira, éstas son las medidas que Ramón Sostres propone para salir de la crisis.

Si este hombre escribe en serio (he echado un vistazo a los títulos de su blog) da un poco de miedo por la agresividad que desprende. Pero no me parece que sea sarcasmo o ironía.

Aunque por otra parte, ¿es posible decir en serio algo como esto?:

Todo el mundo tiene derecho a voto pero el valor de este voto tiene que estar ponderado por la aportación que el individuo hace al Estado (declaración de renta). Es justo y proporcional que quien más aporta, más decida; y sería muy beneficioso que aquellos que más éxito han tenido más pudieran iluminarnos, y que su opinión fuera mucho más importante que la de los que siempre han fracasado. (sic)