Estrategia

Esta mañana, cuando he ido a comprar El País, en la gasolinera más cercana que vende prensa, al no encontrarlo en el estante con los demás periódicos pregunto:

– ¿Ya no queda El País?- Es más tarde de lo que suelo ir y más de una vez me he llevado el último, así que podría ser. Pero no.

– Sí queda, sí. Si no lo ve es porque hay un señor de derechas que cuando viene a comprar  El Mundo coloca un par de ejemplares encima de El País. Tiene más de 80 años, pero sigue- me explica el dependiente.

Incentivos

Parece que el anteproyecto de Ley de Educación de Extremadura ha causado revuelo porque habla de incentivos económicos al profesorado. Se dice que el malestar viene de que se tendrán en cuenta los resultados académicos del alumnado. Aquí y aquí se pueden leer artículos de prensa sobre el tema, y aquí la interpretación de la Consejera.

Me llaman la atención algunas cosas:

  • Siempre hemos considerado injusto que aquellos que cumplen y ya está, e incluso los que ni siquiera cumplen, que los hay, al final de mes cobren lo mismo que aquellos que se implican de veras en el funcionamiento de los centros, en el aprendizaje de sus alumnos, en la formación de los padres…
  • Cuando surge la posibilidad de aceptar incentivos por mejorar, reaccionan en contra con la misma virulencia los mejores profesionales (ya hacen lo que pueden ¿qué van a mejorar?; que no les pidan además papeles, evidencias de su buen hacer, que su tiempo lo dedican a lo productivo: enseñar a sus alumnos) y los peores (los que presumen de no llevarse a casa ni un papel, de no dedicar a la enseñanza, que no educación, más tiempo que el que están en el centro, de desconectar tan pronto salen por la puerta, de no hacer actividades extraescolares, de no recibir padres…)
  • Nunca se le supone buena intención al legislador: están intentando comprar resultados o están dando por supuesto que la causa del fracaso escolar es la mala práctica docente, por eso plantean los incentivos. Cuando la Junta de Andalucía propuso el Programa de Calidad y Mejora, (que supone hasta 7000 euros en cuatro cursos para el profesorado que se implique en la consecución de unos objetivos que el propio centro determina) un ingente número de buenos profesionales se sintieron ofendidísimos porque entendían que la propuesta implicaba esas opciones ofensivas y ninguna otra. La mayoría de los centros no aceptó la propuesta, y muchos de los que la aceptaron hicieron poco más que redactar lo que ya hacían con antelación.
  • A cambio, el profesorado reclama, con buen criterio, la reducción del número de alumnos por grupo. De acuerdo, con algunos matices:
    • Es más importante la atención al alumnado con dificultades por personal especializado, incluso dentro del aula, que la reducción excesiva del número. Los grupos necesitan un cierto número crítico para funcionar.
    • En el caso de primero de primaria, la necesidad de profesorado de apoyo se hace especialmente evidente. El alumnado que no consigue dominar la lectoescritura y los fundamentos matemáticos en su momento, tienen muchas posibilidades de no conseguir el éxito escolar. Atender sus necesidades específicas es imprescindible y no se está haciendo, al menos no en la medida necesaria.
    • Ningún grupo debe sobrepasar el número que se fija en la ley para cada tipo de enseñanza. Sin subterfugios.
    • En ESO ese número no debe ser mayor de los 25 de primaria, al menos en los dos primeros cursos. La diversidad del alumnado aumenta con los años que van pasando, y la adolescencia añade problemas que antes no existian. No es posible una atención adecuada con grupos más numerosos. En tercero y cuarto los programas de diversificación curricular disminuyen la ratio en la mayoría de las materias.
    • Es imprescindible que los institutos dispongan de alternativas que ofrecer al alumnado adolescente que es refractario al trabajo académico. Los objetores escolares son en muchos casos chicos con otros intereses, que cuando encuentran un trabajo que les gusta son buenos profesionales. La misma tarea escolar en grupos más pequeños puede permitir un mayor control pero no siempre un mayor éxito.
    • La reducción de la ratio sólo es eficaz cuando la atención al alumnado es lo más individualizada posible. En las clases magistrales el número no influye en los resultados.
  • La mejora de los resultados en las pruebas PISA en el caso de Portugal parece que va ligada a una actuación basada en los incentivos por resultados. Ya lo comentamos aquí.
  • Aumentar el porcentaje de chicos y chicas que terminan la secundaria obligatoria con éxito, así como el de los que realizan enseñanzas posobligatorias, especialmente Formación Profesional, es una necesidad ineludible. No me parece mal que se incentive el mayor esfuerzo por conseguirlo, acompañado de los medios necesarios.
  • He leído el proyecto de ley extremeña y no he encontrado que relacione los incentivos con las notas del alumnado. A continuación pego la cita textual relacionada con ellos, y enlazo con el texto completo.

Artículo 156. Incentivos económicos y profesionales.

1. La Administración educativa establecerá un sistema de carrera profesional vinculado a la formación acreditada y a la mejora de la práctica docente. Todo ello ligado a los resultados de una evaluación voluntaria del ejercicio profesional.
2. La Administración regulará la asignación de incentivos de carácter profesional y económico vinculados a planes de innovación educativa, proyectos bilingües, uso pedagógico de las tecnologías de la información y la comunicación, así como otros que reconozcan la labor del profesorado y su especial dedicación al centro.
3. En particular, la Administración educativa favorecerá la permanencia del profesorado, sea de carrera o interino, en aquellos centros radicados en áreas de marcado carácter rural o centros que precisen de medidas singulares derivadas de las
necesidades del alumnado y de las características del entorno y que, por tanto, pueden estar sujetos eventualmente a un elevado índice de movilidad del personal docente. A tal efecto, y sin perjuicio de los incentivos económicos que puedan  arbitrarse, la Administración primará como mérito específico el desempeño continuado de puestos de trabajo en dichos centros tanto en los concursos de traslado que le corresponda
organizar como en los procedimientos de selección de los funcionarios interinos.


Cultura e internet

Vaya por delante que soy consumidora de cultura y no he descargado muchos archivos en mi vida. Lo que no es óbice para que perciba claramente que la situación ha cambiado y no va a volver atrás, que hay que adaptarse a los nuevos tiempos.

Seguro que algunas profesiones van a perder actividad o se van a transformar y algunas dejarán de existir, como ha sucedido históricamente cuando los avances tecnológicos han sido suficientemente significativos, pero no se pueden poner puertas al campo.

Recogeré aquí artículos de opinión que aporten argumentos interesantes según los vaya encontrando:

Diez disposiciones adicionales sobre el futuro de la cultura e internet de Javier Peláez en La Aldea Irreductible.

El milagro de los panes y los peces de Fernando Savater.

Sobre la propiedad intelectual y otros tipos de sociedad en Dura lex.

La cena del miedo de Amador Fernández-Savater, en Acuarela Libros.

A favor de internet, de Jesús Mosterín, el El País

Los límites del diálogo, de Enrique Dans, en su blog

Soy internauta de Javier de la Cueva en CiberP@ís

Es la dictadura de los señores de la red, de Alejandro Sanz en El País

Respuesta a Alejandro Sanz, de Lucas Sánchez, investigador del Centro Nacional de Biotecnología.

La piratería no existe de Juan Gómez-Jurado, periodista y escritor. Opinión mesurada, razonada, nada visceral.

Los colegas de Mad Max, de Fernando Savater.

Las editoriales comienzan a llorar, de RINZEWIN

Sordo, de Ray Loriga, que parece haber leído sólo a una parte, porque los insultos son una moneda muy corriente también en la otra.

Élites protegiendo élites, deYolanda Díaz de Tuesta. Largo y meditado.

La Ley Sinde y el laberinto de las metáforas, de Perogrullo

El mal menor, otro largo y fundamentado artículo de Yolanda Díaz de Tuesta.

Volver a empezar

A punto de comenzar el nuevo trimestre, después de haber preparado las primeras clases, es hora de hacerse el cuerpo para retomar la lucha:

  • Recordar las normas de clase.
  • Repasar lo aprendido porque lo que hay que aprender se basa en lo que ya se sabe.
  • Organizar la recuperación de los que no aprobaron.
  • Buscar actividades que resulten interesantes y faciliten la adquisición de conocimientos.
  • Aplicar los conocimientos y convertirlos en competencias.
  • Decidir qué tarde venimos a hacernos una cuenta en WordPress para poder intervenir en el Blog de la clase que estamos empezando a usar. Y el que quiera, un blog personal.
  • Comprobar que traemos las pilas recargadas y la cuerda a tope.
  • Terminar la redacción del Proyecto Educativo.
  • Revisar los resultados del primer trimestre y hacer propuestas para mejorarlos en el segundo: reajuste de grupos, animación a la lectura, trabajo de vocabulario, hablar en público…
  • Reuniones con padres cuya actuación es necesaria y sin embargo insuficiente.
  • Preparar las reuniones de Claustro y Consejo Escolar.

¡Tantas cosas! Y lo curioso es que al segundo día ya parece que llevas al menos una semana, o un mes. Todo ha vuelto a su sitio.

Es llamativo cómo algunas familias, madres y padres, se sorprenden de los malos resultados de sus hijos, especialmente en primero: les han visto, y permitido, pasar las tardes enteras en el fútbol, jugando a la consola, o con los amigos (se quejan de lo que les gusta salir, de repente), o con el novio o la novia ¡?. Aunque desde el principio se les informó de la necesidad del trabajo diario, han visto las pruebas escritas y tienen en la agenda notas parciales, esperaban, igual que los adolescentes, que si estudiaban los dos o tres últimos días del trimestre podrían compensarlo.

También se sorprenden los que trabajan diariamente. Muchos de ellos pensaban que el salto al instituto era demasiado grande y cuando las notas responden a su esfuerzo casi le parece mentira. ¡Cómo disfrutan! Y nosotros con ellos.

A nosotros, profesoras y profesores, nos sorprende y nos preocupa que haya padres y madres que pasan de la formación académica y humana de sus hijos, que se limitan a decir que no saben qué hacer con ellos, que se acostumbran a que tomen decisiones, a todas luces equivocadas, sin darles cuenta, que, en resumen, no se responsabilizan de su educación.

Son pocos, pero se notan mucho. La actitud de los chicos y los sentimientos, pensamientos y realidades que verbalizan no dejan lugar a dudas:

– No le hago caso a mi padre y te lo voy a hacer ti.

– A mi madre le da igual lo que yo haga.

Y en algunos casos es aún peor:

– Mi madre va a venir y te vas a enterar. (Aunque sea repetida colocaré la ilustración de una entrada anterior)Y viene, por propia iniciativa o a requerimiento nuestro, y es ella la que termina enterándose de por dónde camina su hija, o su hijo, que no es precisamente por donde ella pensaba. Al respecto tomé nota cuando lo vi de un artículo ilustrativo: los padres reclaman por lo accesorio, creyendo a pies juntillas la información que les dan los chicos, y no suelen hacerlo cuando de veras hay motivos. Son datos de la inspección.

Deseo a todos un buen trimestre.

Gratis total

Hace tiempo que vengo dándole vueltas a esta entrada. No porque no tenga claro lo que pienso y lo que quiero decir, sino porque puedo explicarme mal. Por eso aclaremos ideas desde el principio:

  • Que la ciudadanía, que somo todos, haya ido aumentando sus derechos es un avance social, positivo en sumo grado.
  • Que el estado, por sí o a través de sus distintos estamentos (comunidades, ayuntamientos, organismos varios) se haga cargo de la satisfacción de las necesidades del personal no tiene en principio nada de malo, sino todo lo contrario.
  • La educación obligatoria y gratuita hasta los 16 años es una de las mayores conquistas sociales del siglo XX.
  • Que cada cual pueda exigir sus derechos es garantía de que las cosas funcionan.

Dejado claro que estoy a favor del ejercicio de los derechos, especialmente de los derechos sociales: educación, salud, vivienda, empleo…, considero necesario poner en cuestión su uso y disfrute, cuando se entienden desligados de las obligaciones que deberían ser inherentes a ellos, que está siendo en demasiados casos. Parece que lo que nada cuesta nada vale, por eso nos podemos permitir el lujo de desaprovecharlo:

  • Empecemos con el desempleo. ¿No conocen a ningún parado que haya rechazado un trabajo porque entre el subsidio de paro y sus trabajillos en negro ganaba más que aceptando el empleo que le ofrecían? ¿Ni a nadie que haya dejado un trabajo para reorganizarse o tomarse unas vacaciones mientras cobraba el paro? Yo sí. Y más de uno. Claro que no ha sido en el último año, pero fue frecuente durante la época de vacas gordas en la que parecía que el erario público no tenía fondo.
  • Sigamos con la Seguridad Social, uno de nuestros mayores activos, demasiado poco valorado. ¿Saben que hay quienes, teniendo ofertas de trabajo en otros países, no se van porque su salud no es de hierro y los tratamientos que pueden necesitar quizá no estuvieran a su alcance, mientras la S.S. se los ofrece gratuitamente? Como contrapartida, pensemos en el uso que en muchos casos se hace de ella: almacenes de medicamentos en las casas, se piden (en ocasiones se exigen) pruebas innecesarias en base a lo que dice la wikipedia o lo que aconseja el amigo, se acude a las urgencias del hospital en vez de al centro de salud… He escuchado hablar de situación tercermundista (sic) porque no le daba (la S.S.) guantes para lavar a su padre en casa y una grúa para moverlo al día siguiente de volver a casa  tras haberle amputado una pierna.
  • El empleo, por la parte que toca a las empresas. Las hay que han formado personal para la apertura de una nueva sucursal, con fondos europeos, durante seis meses, y los han mantenido trabajando apenas uno; después, a la calle. Qué bien conocen algunos todos los recovecos legales para exprimir los fondos sociales sin ofrecer nada a cambio.
  • Educación. Mi favorito. Tenemos educación obligatoria y gratuita, en los centros publicos y en los concertados (bueno, en los últimos lo de gratuita es un decir, siempre encuentran la forma de haya que pagar, y de que se vayan los que molestan). Con ello parece que la educación se ha convertido en obligación propia del estado y se ha liberado de ella a los padres, que ya sólo tienen derechos: a que sus hijos tengan una plaza escolar, a que esté en el centro que elijan, al lado de su casa, a su entera satisfacción (sin educación para la ciudadanía si no la quieren, con religión a la carta…) Sin contrapartidas: con enviarlos al colegio, o al instituto, algunos ya creen que cumplen (en realidad hay quienes ni eso hacen, y es necesaria una comisión de seguimiento del absentismo). A los padres cuyos hijos (mayoritariamente chicos) no aprovechan en absoluto su estancia en el instituto, los que conocemos como objetores escolares, y que dicen no saber qué hacer con ellos, les he preguntado en ocasiones qué harían si tuvieran que devolver el coste de la plaza escolar de su hijo el curso que no rinden un mínimo. Me han reconocido que buscarían la manera de que cambiaran de actitud. Y yo les digo que la mayoría la encontrarían.

¿Por qué ha de ser gratis todo a cambio de nada? ¿Es que el dinero público (de todos) se puede gastar sin que importe en qué? (Por favor, en este momento no pensemos en los políticos y sus malversaciones, sólo en nuestra actitud como ciudadanos, de lo contrario no habrá forma de terminar el razonamiento). ¿Por qué consentimos con tanta faciliadad el mal uso de lo público, sin sentirnos afectados por ello?

Cuando decía que lo que nada cuesta, nada vale, debe entenderse que hablaba de que no le cuesta a la persona que lo utiliza, o esa impresión tiene porque no paga al utilizarlo. Si les digo en en el coqueto teatro de la pequeña localidad en la que vivo, desde que se cobra por los espectáculos (nada exagerado, 5 euros la entrada normal y 3 la de pensionistas y niños), hay más público adulto y se pueden ver las actuaciones sin que los niños sin padres las interrumpan, ¿pensarían como yo que no era buena la política del gratis total que se aplicaba antes?

Puede ser que tengamos que cambiar algunas cosas. Tratar igual a los que son diferentes no es justicia. ¿Todo el alumnado necesita los libros gratuitos? ¿Y el ordenador? Más de un padre, al firmar el compromiso que adquiere a recogerlo, ha preguntado si es obligatorio el uso de ese ordenador, porque su hijo tiene otro y…

Si los 2500 euros por nacimiento no hubieran sido repartidos sin tener en cuenta la renta familiar (¿de qué le sirven a quien tiene ingresos de cientos de miles de euros?) igual podían seguir recibiendolos las familias que los necesitan.

Y podríamos multiplicar los ejemplos.

Por otra parte recuerdo que uno de los ponentes del Evento Blog 2010, Marc Vidal, una de cuyas frases puede hacerse realidad para desgracia nuestra (No es que estemos en crisis. Esto se va a quedar así por mucho tiempo), se preguntaba si no estábamos confundiendo derechos fundamentales (vivienda, educación, salud…) con servicios del estado que dependen de su capacidad económica. Sería terrible que fuera verdad y estuviéramos asistiendo a la poda de ellos cuando apenas nos habíamos asomado al  estado de bienestar.

Las fotos de aquí, aquí, aquí y aquí

Intimidades

Indudablemente puede resultar doloroso saber que alguien a quien quieres te oculta algo importante. Pero es evidente que, entre adultos, cada persona tiene derecho a compartir lo que quiere, cuando quiere, con quien quiere.

No importa el tipo de relación existente: se debe compartir porque se desea hacerlo, no por obligación, y el respeto a la intimidad de los demás me parece una de las formas de respeto imprescindibles en la convivencia.

Todo el mundo no tiene la misma necesidad de dar a conocer o comentar sus sentimientos o realizar confidencias. Sentirse obligado a hacerlas no es sano. Y pretender obligar al otro a que las haga puede ser una forma de acabar con la confianza necesaria para que se produzcan

Decía al principio que entre adultos porque esto no tiene nada que ver con la obligación que tienen los padres, en relación con sus hijos menores, de saber qué hacen, dónde y con quién están, por qué páginas navegan… Y hay madres y padres que hablan de invasión de la intimidad de sus hijos/as de 12 años. Y menores.

Pedir la luna

Son éstas fechas de peticiones, regalos, compras… consumo en definitiva.

Muchas familias están pasando malos momentos porque este año no están las cosas como para satisfacer todos los caprichos y cuesta demasiado decir que no a los hijos, que no entienden, aunque tengan edad para ello, las dificultades familiares.

Me dicen que hay abuelas que llevan meses pagando (a dita, se decía por aquí) la muñeca carísima que quiere su nieta.

Y conozco  padres que tienen graves enfrentamientos con sus hijos adolescentes a los que no pueden seguir comprando ropa y deportivas de marca de alta gama. Se sienten culpables por lo que no pueden hacer, cuando es posible que debieran sentirse por habérselas comprado antes como si eso fuera lo normal.

Puede que haya llegado el momento de racionalizar el gasto, de no seguir pidiendo la luna, sino de esforzarse para conseguirla. Nos iría mejor a todos.

¡Qué grande, Forges!

Reflexiones en torno al informe PISA

Como saben soy una de las personas afectadas. Después de casi 40 años a pie de obra en la educación en Andalucía, en primaria y en secundaria, debo tener alguna responsabilidad en los resultados y debiera ser capaz -si no sucede que los árboles no me dejen ver el bosque- de analizar causas y proponer actuaciones.

Los resultados andaluces, dentro del pelotón del que habla Julio Carabaña en el artículo que citaba en la entrada anterior, están entre los peores, al nivel de Grecia

Es verdad que en Andalucía de partía de una situación peor: el nivel de analfabetismo y de desescolarización temprana era más alto. Pero han pasado demasiados años para que sigamos recurriendo al retraso ancestral para justificar la situación actual.

Es verdad que ésta y otras pruebas contrastadas indican que el nivel de estudios de los padres y las actividades culturales de la familia (el número de libros que hay en casa, por ejemplo) influyen más en los resultados que la actuación de la escuela. Y éste y otros estudios dicen que tenemos uno de los sistemas educativos más compensadores de deficiencias sociales y económicas del alumnado: el segundo, después de Finlandia.

Pero la tercera parte de nuestro alumnado se va del sistema sin obtener la titulación mínima, el Graduado en ESO. Los repetidores lastran los resultados y lastran el trabajo en las aulas. En algunos casos hasta lo impiden.

La repetición no soluciona el problema, lo amplifica, decimos muchas veces. Es verdad, en parte. La repetición de curso es eficaz para aquellos chicos y chicas que la necesitan, bien porque una enfermedad les ha impedido alcanzar las competencias necesarias o porque necesitan más tiempo que los demás para adquirirlas. Si entienden bien la situación, la cosa funciona.

En otros casos (falta de trabajo e interés, disrupción), cuando es un castigo que se les impone por los logros no alcanzados (a veces hasta reconociendo que como son inteligentes podrían alcanzar a sus compañeros si quisieran: es decir, es dudoso que no tengan las competencias necesarias), el problema, efectivamente, aumenta: no sólo se desentienden de una clase que les aburre (es repetida), sino que no conectan con el grupo, y mejor que no lo hagan, porque otros pueden imitar su actitud insolente, y seguir su estela.

¿Como hemos conseguido que una conquista social indudable -escolarización obligatoria hasta los 16 años- se convierta en un problema tan grave? Porque éste es el alumnado que antes -en esos tiempos pasados que tanto profesorado considera mejores- no estaban en la escuela. Se iban. Y siguen queriendo irse. Son objetores escolares. Una escuela tan academicista no esta hecha a su medida. O la cambiamos o la cambiamos. A no ser que queramos mantener los resultados, inamovibles mientras ellos (y ellas, en menor medida) estén ahí.

Hay otro camino, preventivo, cuyos frutos se notarían a medio plazo, que sería más eficaz a la larga que el cambio de trabajo en secundaria: la atención de las necesidades de cada alumno y cada alumna en infantil y primaria. El dominio de la lectoescritura y los conceptos numéricos es fundamental para los aprendizajes posteriores. Esta afirmación no está basada en una estadística realizada científicamente, sino en lo observado en 40 años: el alumnado que termina primero de primaria sin el dominio necesario en estos campos está condenado al fracaso escolar. Otros pueden fracasar, pero éstos lo hacen con muy pocas excepciones.

Hay un país, vecino nuestro, Portugal, cuyos resultados han mejorado significativamente en los últimos tres años (alrededor de 20 puntos). Saber qué han hecho puede darnos pistas sobre qué hacer, aunque no seguridades.

La receta portuguesa consiste en:

  • Han dedicado más recursos a los estudiantes de los sectores más débiles económicamente. Ordenadores, libros, acceso a banda ancha, cursos de inglés y otras actividades han tenido subsidio gubernamental, desde el primer año de Primaria hasta el final de Secundaria.
  • Nuevo sistema de evaluación de profesores y escuelas, que generó amplias protestas de los afectados y de los partidos de oposición, pero que ha mejorado la eficiencia escolar y ha disminuido el absentismo.
  • Ha mejorado la formación del profesorado, sobre todo en enseñanza de portugués, matemáticas y tecnología de la información.
  • Planes estratégicos de lectura y matemáticas a nivel nacional.

Puede que no vaya muy desencaminada la Propuesta del Consejero: Ampliar el horario dedicado a las materias instrumentales, especialmente en primaria. La verdad es que nunca debió disminuirse. Pero si hay que impartir otras enseñanzas algo habrá que quitar. Será que hay que elegir. Pero me parece muy incompleta (la propuesta). Se sabe lo que se quiere, pero no está claro cómo conseguirlo.

Me quedan muchas cosas que decir (seguiré en otra ocasión) sobre funcionamiento de centros (aunque los estudios digan que la diferencia entre centros es menor que la diferencia entre alumnos), evaluación, actitud del profesorado y de las familias y su repercusión en el aprendizaje, los medios de comunicación, el uso de las TIC…

Continuará, pero un aperitivo: lo escribe un padre periodista y habla de

Una siesta de doce años