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Recordando

La Delegación de Educación de la Junta de Andalucía (disculpen que no use la 1401182831271denominación actual completa, es demasiado larga) invitó el pasado martes a todas y todos los docentes jubilados el año anterior a un acto de homenaje colectivo, con entrega de un diploma de reconocimiento y la insignia de plata de la Junta. Por lo visto se viene realizando desde hace quince años, supongo que en el resto de las provincias también.

Las dos personas que intervinieron en representación del profesorado recordaron, al hilo de su trayectoria profesional, la evolución y las vicisitudes de la educación en los últimos sesenta años. Desde aquellas pizarras con marco de madera en las que aprendimos a escribir, (antecesoras de las actuales tablets, decía el compañero) hasta los recortes actuales que agobian a los centros.

Y, abierto el baúl de los recuerdos, seguimos después evocando otras realidades:lo que no se estudiaba (la historia del siglo XX), lo que se estudiaba en demasía (la religión), lo que no existía (coeducación), los libros de lectura, tan edificantes, y el texto de los problemas de matemáticas.

De éstos últimos, en muchas ocasiones tan absurdos como los que aparecen en El elfloridopensilFlorido Pensil, algunos eran representativos de la realidad social y económica. Así, los problemas de mezclas que aparecían en nuestros manuales, se referían sobre todo a mezclas de agua y vino o leche y agua, que, aunque hoy pueda parecer increíble era algo que sucedía con frecuencia entonces.

No se les olvidó, y yo tampoco quiero olvidarlo, reclamar recursos y personal, y especialmente una ley consensuada que no cambie cada vez que lo haga el color del gobierno.

No estaría mal que nos hicieran caso.

El florido pensil

Aprendí a leer

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En un pequeño pueblo de la provincia de Salamanca de alrededor de mil habitantes, la mayoría de los cuales malviven de la agricultura, propia o a jornal. Naturalmente, unos cuantos viven con holgura porque tienen tierras suficientes para ello, y alguno tiene hasta una dehesa, pero no hay que contar con él más que el día de la romería, que va hasta la ermita de su propiedad, y en ocasiones para las caridades de navidad al estilo de Los santos Inocentes de Delibes.

Debía ser el año 1954 porque mi madre siempre ha dicho que como doña Juana, la única maestra en aquel momento, era su vecina y la quería mucho, me admitió antes de cumplir los 6 años. Por espacio en el aula no había problemas. Como todavía no se había construido la escuela de niñas, la clase se impartía en el salón parroquial, un espacio rectangular largo y estrecho, mal iluminado por tres ventanas verticales. Allí cabíamos las alrededor de 60 niñas del pueblo en edad escolar, de 6 a 14 años.

La escuela era, claro está, unitaria de niñas. Cuando se construyó el edificio, creo que al año siguiente, pasó a ser graduada de niñas, al lado de la graduada de niños, pero sin relación ninguna con ella. A partir de entonces tendríamos dos clases: doña Juana se quedó con la de las mayores y las pequeñas pasamos a manos de la nueva y también estupenda maestra: doña Consuelo.

El material con el que acudíamos a la escuela no tenía nada que ver con el actual: consistía en la cartilla, una pizarra del tamaño aproximado de una cuartilla incluyendo su marco de madera, un pizarrín y un trapo para borrar que se llevaba atado para que no borráramos con la mano. Una vez que sabíamos escribir con soltura pasábamos a usar el cuaderno de dos rayas y el lápiz.

El respeto a la maestra, como a los padres, tenía a veces más que ver con el miedo que con otra cosa, porque los castigos físicos no estaban mal vistos y no eran raros, aunque no pasaran de una bofetada o unos azotes. Todas, y todos, teníamos claro que más valía que en casa no se enteraran de que  en clase nos habían reñido, castigado o dado una torta: recibirías el doble.

Asistir a clase era una posibilidad que se iba al garete cuando había algo que hacer en casa o en el campo. La de veces que le escuché a mi abuela aquello de que el oficio del niño es poco pero el que lo pierde es un loco. Sólo cuando la razón era hacer los dulces para las fiestas del pueblo no me importaba faltar a clase. Pero a veces se consideraba imprescindible.

Siempre me he preguntado cómo se las apañaban los maestros y maestras de entonces para atender a toda aquella chiquillería tan dispar. Recuerdo el runrún de la clase, bajito, porque cuando hablaba la maestra se la oía, pero permanente, como el de una colmena.

Cada grupo hacía tareas diferentes, y había ratos en que alguna de las mayores daba de leer a las que estábamos aprendiendo. Las cosas se hacían sin prisa, cuando ya sabías leer una página de la cartilla pasabas a la siguiente. Si alguien en casa leía contigo, o tenías mucha facilidad, aprendías antes. Si no era el caso, tardabas más.

La vida de las niñas y los niños no era fácil entonces, como tampoco lo era la de los adultos. Comodidades, ninguna, ni siquiera agua corriente, ni luz eléctrica, con todo lo que ello implica. La comida escaseaba en muchas casas, la nuestra entre ellas. En aquellos inviernos tan fríos que se helaba el agua del caorzo hasta el punto de que los muchachos lo recorrían en toda su longitud patinando bajo los árboles, la única fuente de calor en el aula, aparte del que nosotras generábamos, era un brasero de cisco bajo la mesa de la maestra. Había días en que no podíamos escribir porque las manos se nos entumecían de frío.

Pero a luz de un candil y al amor de la lumbre, en mi casa, en las largas noches de invierno, se producía un milagro: se escuchaban historias fantásticas, terribles, bonitas… que no tenían nada que ver con la vida que vivíamos, en las que los protagonistas pasaban muchas penalidades pero terminaban siendo felices. Mi padre leía en voz alta y los demás escuchábamos embobados, las manos ocupadas si había faena: desgranar maíz, seleccionar las alubias, coser o hacer punto. Los pocos libros que había en la vecindad circulaban de casa en casa: se prestaban (como el pan, pero esa es otra historia). Y si se acababan, se volvían a leer.

Si leyendo se podía conocer historias y enterarse de las partes que una se perdía cuando uno de los más pequeños lloraba (mi familia aumentaba cada dos años) y había que ir a mecerlo hasta que se dormía, ¿cómo no querer leer? Yo creo que me gusta la lectura desde antes de ser lectora gracias a esta costumbre familiar que se perdió cuando llegaron la comodidades y hubo otras formas de entretenimiento.

Escribí este post a petición de Mayti. Ella lo publicó en su blog   del  mismo título e hizo la ilustración.

¡Enhorabuena, compañera!

Hoy, 18 noviembre, cumple 65 años y se jubila una compañera. Digo bien: compañera, porque en compañía, una junto a otra, hemos trabajado por la educación de muchos grupos de niños y niñas, antes, de chicas y chicos, después. Diferencio compañera, con la que se trabaja en compañía, de colega: persona de la misma profesión, nada más.

IMG-20131105-WA0007Hemos compartido inquietudes, intereses, experiencias y, sobre todo, el trabajo diario para conseguir que nuestro alumnado alcanzara las mayores cotas de formación y madurez personal, no sólo académica.

Tutora excelente, siempre ha conocido la situación familiar y personal de cada uno y cada una de sus tutorizados y actuado en consecuencia con ellos, con su familia y con el equipo educativo, que no siempre quiere tener en cuenta otros aspectos que no sean aprendizaje y comportamiento en clase.

Comprometida, implicada, buena profesional, cristiana convencida, de las que dan testimonio con su ejemplo más que con sus palabras, pero sin rehuir dar su opinión desde su opción religiosa. Siempre desde el respeto a las opiniones y criterios que pudiéramos tener los demás.

Cuando ha pasado épocas difíciles, que las ha tenido, como casi todos, ha sabido estar a la altura de la situación y dejar el trabajo, que le podía resultar terapéutico al sacarla de su ensimismamiento (quien no ama su trabajo no podrá entender esto), por temor a perjudicar a su alumnado al no poder rendir al cien por cien.

Muchos días ha llegado al centro comentando con alegría que había encontrado a Fulanito o Menganita, que fueron alumnos hace diez, quince años, trabajando en tal o cual sitio y le habían contado cómo les iba en la vida, lo que da muestra de las buenas relaciones establecidas. Seguirá encontrándoles, porque el mundo es pequeño, y seguirá interesándose por su vida y alegrándose de sus éxitos y sintiendo pena por sus fracasos.

Lo expresa perfectamente Gabriel Celaya en el poema que publiqué en una entrada anterior y que le dedico.

Estoy segura de que en medio de sus actividades familiares con hijos y nietos encontrará tiempo para alguna labor social.

Seguiremos compartiendo intereses, experiencias, inquietudes, que no serán las derivadas del trabajo diario, pero serán.

Y doy gracias a la vida, que me ha dado tanto. Entre otras muchas cosas, la posibilidad de trabajar con Mame

http://youtu.be/WyOJ-A5iv5I

 

Jornada de lucha por la escuela pública

No es nuevo: estoy a favor de la escuela pública de calidad y en contra de la LOMCE, que favorece de forma manifiesta a la escuela privada.

Si perdemos el derecho al acceso a la educación en condiciones de igualdad estaremos condenando a gran parte de la población, y en consecuencia al país, a una vida menos satisfactoria, al privarles de la posibilidad de mejorar su situación de partida.

Entre los derechos que estamos perdiendo en esta crisis tomada como excusa para la reforma, a todas luces ideológica, de la sociedad del bienestar que creíamos conseguida, los relacionados con la educación están entre los más dolorosos porque afectan al futuro, a nuestros hijos y nietos.

La relación entre el nivel de estudios de padres y madres y los resultados en la pruebas PISA del alumnado actual, que pone de manifiesto José María Maraval en los últimos párrafos de este artículo, nos da la clave de lo que nos puede esperar en el futuro si no conseguimos que se corrija la derrota que marca la LOMCE.

Hay quienes se han tomado grandes molestias para poner en evidencia los errores que suponen los recortes y la ley. Aquí dejo dos ejemplos que circulan en la red y han sido creados para que se transmitan viralmente.

Éste utiliza un método que recuerda aquellos tiempos a los que parece que quieren devolvernos.

Como dice mi amiga Charo, a mí, mañana, no me cuentan porque no me descuentan. Pero estaré en la manifestación. Y dejo clara mi opinión: Porque creo en la Educación, defiendo la Pública:

La religión y la escuela

Si vivimos en un estado laico, ¿qué pinta la religión en la escuela?

¡Ah!, que no vivimos en un estado laico, sólo en uno no confesional. Pues el Papa parece partidario del laicismo, y su opinión debería importar a los obispos españoles, que no quieren perder ni un ápice de su influencia en la escuela.

Por cierto, si nuestro estado es no confesional, ¿por qué los los actos organizados en recuerdo u homenaje de víctimas, sean de la confesión que sean, son funerales católicos?

Volviendo a la pregunta inicial: ¿qué pinta la religión en la escuela? Pues verán:

  • En infantil, donde la ley no impone que se imparta, si el o la profe de religión tiene horas para ello, se imparte. ¿Por qué? Porque así el profesorado tutor tiene la posibilidad de tener una hora para otras cosas (preparar materiales para la clase, por ejemplo) Por eso, cuando hay familias que no quieren que su hijo o hija la reciba, en ocasiones desde los centros se hace lo posible (aunque no sea correcto) para que cambien de opinión. Así lo cuenta Gorka. Debo decir que la solución ha sido satisfactoria y la pequeña no se queda en clase de religión sin que sufra menoscabo en su autoestima.
  • En primaria suelen decidir los padres y cuando la mayoría opta porque  sus hijos la reciban se plantean situaciones similares a las de infantil. La tutora o el tutor debe atender a la minoría (en ocasiones uno o dos), aunque no siempre se haga así y aunque la ley no plantea ni exige programación de esa actividad.
  • En secundaria, donde es el alumnado el que decide si asiste o no a la clase de religión, y no en función de su interés en el tema sino de lo bien o mal que se lo va a pasar en esa hora, como la clase no suele ser muy atractiva, aumentan los desafectos. Y hay que organizar los grupos en función de la opción elegida para que el aprovechamiento de los recursos humanos, siempre escasos, sea el máximo. ¡Vaya si pinta!
  • Para que los y las que optan por la religión no se vean perjudicados, la clase alternativa no debe tener contenidos y si se hace algo interesante el o la profe de religión puede denunciarlo por incumplimiento del acuerdo Iglesia-Estado. ¿Pinta o no pinta?

Forges__reliLa iglesia quiere que la religión sea una asignatura como las demás y que su nota cuente, igual que la de matemáticas, dicen. (Y en la LOMCE lo consiguen). Pero la clase no es como las demás, sino puro adoctrinamiento. Y los que no tienen habilidad para ello a veces ponen películas, muchas películas.

¿A quién beneficia la situación? Yo creo que al alumnado no. La religión, para las personas creyentes, que no son tantas como cuenta la iglesia católica española, tiene su ámbito, y no es la escuela. Llevamos años diciéndolo y no entendemos cómo sigue estando ahí e incluso mejorando su estatus.

Por ello me adhiero a la campaña lanzada por @jochimet para que la religión salga de la escuela:

https://oiga.me/campaigns/religion-fuera-de-la-escuela

Y te invito a hacer lo mismo.

Educar

Educar es lo mismo

que ponerle un motor a una barca.

Hay que medir, pesar, equilibrar

y poner todo en marcha.

Pero para eso uno tiene que llevar en el alma

un poco de marino,

un poco de pirata,

un poco de poeta,

y un kilo y medio de paciencia concentrada.

Pero es consolador soñar,

mientras uno trabaja,

que ese barco – ese niño

irá muy lejos por el agua.

Soñar que ese navío

llevará nuestra carga de palabras

hacia puertos distantes,

hasta islas lejanas.

Soñar que cuando un día

esté durmiendo nuestra propia barca,

en barcos nuevos

seguirá nuestra bandera enarbolada.

Gabriel Celaya                           

2013-06-19 12.51.18Dedico este poema a aquellos antiguos alumnos y alumnas que vuelven de vez en cuando, a veces cada curso, para dar noticias de su vida académica y personal. En la foto con una de ellas.

http://maullidodelgato.blogspot.com.es/

 

 

Coincidencias

El pasado diecisiete de mayo, además del día contra la homofobia, coincidieron otros eventos.

En el Consejo de Ministros se aprobó la Ley Wert que tantos rechazos está acumulando, y que de aplicarse supondrá un retroceso en el tiempo, volver a épocas que creíamos superadas; y que algunos siguen añorando, también hay que decirlo. El trámite parlamentario, con mayoría absoluta, puede ser un paseo. Aunque cabe la posibilidad de que se ofrezcan alternativas mínimas, centradas en lo menos trascendental para desviar la atención, como decía hace unos días @jochimet

En Jerez impartió una conferencia sobre historia de la educación en este (Miguel Gomez/La Voz De Cadiz)municipio Manuel Santander, al que se le otorgó la Medalla de Oro de Andalucía al Mérito en Educación en 2010, entre otras razones por su trabajo en la recuperación de la memoria histórica en el campo de la educación. ¡Qué bien nos vino a los asistentes recordar, con imágenes escuela-antiguaincluidas, la situación de la que partimos! ¡Aquellos centros, aquellas aulas, aquellos materiales, aquellas carreteras, aquellas normas, aquellas leyes! ¡Aquella realidad! Y también aquellos años de proyectos compartidos, de formación del profesorado, de ilusiones educativas dinamizadas por un equipo de inspectores (eran todos hombres, lo normal entonces) que amaban la educación y encontraron caldo de cultivo favorable en el magisterio de la época, dispuesto a dedicar horas, ilusión y esfuerzos a su tarea diaria . Hablamos de Francisco F. Pozar, de Paco Poveda, de Diego Bejarano, del propio Manuel Santander.

Cuando se destaca lo mal que está la educación, se nos olvida generalmente que tratar igual a los que son distintos puede ser una injusticia, que la necesidad de compensar es una realidad.

Enmarcar la Ley Wert en el contexto del recorrido desde 1936, dio una idea de los vaivenes y las incoherencias de una evolución a ventregones, que de ninguna manera ha sido lineal.

 

 

Contra la homofobia

El pasado viernes, aprovechando que el 17 de mayo se considera el día internacional contra la homofobia, hemos hablado en clase (segundo de ESO) del tema.

Me he dado cuenta de que intelectualmente entienden y aceptan la homosexualidad como algo normal, aunque no tengo muy claro si porque saben que eso es lo correcto y tienden a decirnos lo que saben que queremos oir, o porque de verdad lo creen.

Conocen a adultos, hombres y mujeres, que prefieren a personas de su mismo sexo. Pero si intuyen en alguno de sus compañeros (especialmente en los chicos, sí) algún detalle que les haga pensar que puede ser gay, sus puyas, sus insultos, sus motes, estarán preferentemente destinados a destacarlo en tono ofensivo.

Pero ¿qué se puede esperar de los y las adolescentes si entre los adultos en el lenguaje ordinario la mayor parte de las veces se usan  las palabras relacionadas con el tema en sentido peyorativo? ¿Si lo que oyen en su casa es, mayoritariamente, negativo en el fondo y en la forma? ¿Si en la fachada de una discoteca de ambiente se ha mantenido durante meses una pintada que les tachaba de ENFERMOS, así, con mayúsculas?

Algunos reconocen que no se sienten seguros respecto a sus propias inclinaciones, o han escuchado que eso es normal aunque a ellos no les pase, y otros no quieren saber nada de dudas. Y cabe dentro de lo posible que sean estos últimos los más dudosos y los que más molestan a los «sospechosos», porque el miedo es mal consejero.

Creíamos estábamos en camino de alcanzar la igualdad efectiva pero en esto, como en tantas otras cosas, estamos caminando en sentido contrario, marcha atrás.

Si no se lo creen, lean este artículo de Carlos Elordi que aporta los datos objetivos.

La homofobia crece en Europa

 

La manifestación

Pués sí, asistí a la manifestación.

Y algo me ha sorprendido gratamente: la juventud, los estudiantes, chicos y chicas, han tomado la iniciativa. Han sido mayoría por primera vez en una manifestación en la que lucha por sus derechos, por su futuro. Y se han hecho notar.

Por eso estoy contenta: han empezado a organizarse para aprovechar la oportunidad  ydefender lo que consideran, con razón, que es su derecho incuestionable a tener un futuro.