Entrevista

Estoy harta de política. Huyo de las noticias porque hablan demasiado de partidos, de incongruencias, de desilusión.

Hoy, sin embargo, he leido una entrevista, muy larga, a Felipe González. Muy interesante. Destaco su opinión sobre el  liderazgo:

¿Cuál es el misterio del liderazgo en general, no solo en política? Hay algunas características fundamentales: Una, no puede ser líder quien no tiene capacidad, y/o sensibilidad, para hacerse cargo del estado de ánimo de los otros. Si no te haces cargo del estado de ánimo del otro, el otro no te siente próximo, siente que no lo comprendes y no te acepta como líder. Dos: no hay liderazgo si no cambias el estado de ánimo de los demás, de negativo a positivo o de positivo a más positivo, lo que comporta creer de verdad en el proyecto que ofreces, creer de la manera menos mercenaria posible porque te da más fuerza. Y la capacidad de transmitir ese proyecto como un proyecto que enganche a los demás, que comprometa a los demás cambiándoles ese estado de ánimo del que previamente te has hecho cargo. Pero tiene que ser un proyecto que le permita a la gente pensar que, aunque le pidas esfuerzos, ese esfuerzo tiene sentido, y le convence quien se lo pide porque ve que se lo cree.

Machismo

Ni es la primera ni será la última vez que este tema aparezca por aquí, porque me parece preocupante.

Es raro el día que no veo o conozco detalles a los que sus protagonistas no dan importancia:

  • Novias (en miniatura, porque son tan jóvenes que me pregunto dónde están sus padres y madres) privadas de libertad que aceptan la situación con naturalidad, porque se parece a lo que ven en su casa.
  • Jóvenes (ellas) que dejan de ser dueñas de su vida, sometidas a la arbitrariedad egoista de su pareja hasta límites que pueden afectar a su futuro seriamente. (relaciones con penetración sí o sí, y de preservativo nada).
  • Mujeres que son la única fuente de ingresos de su familia, trabajando en casas ajenas… después de dejar la suya limpia y la comida hecha, aunque para ello hayan tenido que acostarse a las mil y levantarse de madrugada. Mientras los hombres de la familia sestean, por decirlo de alguna manera.
  • Chicos que reconocen que no hacen nada en casa, mientras sus hermanas, incluso menores que ellos sí que colaboran.
  • Hombres que ayudan a sus mujeres que trabajan fuera de casa, igual que ellos, como si les hicieran un favor. Y mujeres que les agradecen la ayuda, como si la obligación fuera absolutamente suya.
  • Hombres que comentan en el bar el asesinato de una mujer por su pareja diciendo que cuando un hombre mata a una mujer no es por nada, es por despecho. Y con ello lo entienden, si no lo justifican.

Cuando quedan tantas situaciones como éstas en la vida diaria, que personas con visibilidad pública, por el motivo que sea, refuerzan estas actitudes con sus palabras o sus actos, le hacen un flaco favor a una sociedad necesitada de superar ese machismo residual que envenena la vida de las que lo sufren (y lo transmiten a sus hijas al soportarlo, porque la mejor enseñanza es el ejemplo).

Para muestra, dos botones de sobra conocidos. Me parece imposible que alguien pueda defenderlos, aunque no sea partidario de Leire Pajín.

Y una apostilla respecto al último: Se pregunta Carlos César Álvarez si esta sociedad se escacndaliza cada vez más fácilmente. Claro que sí, y eso es síntoma de que mejora. Ya no se consideran normales, para la mayor parte de la sociedad, los ejemplos que ponía al principio.

Otra opinión, sobre el mismo tema, de Elvira Lindo

Más lecturas

Tengo que recomendarte un libro, «Dime quien soy» de Julia Navarro, salvo que lo hayas leído ya, que en ese caso lo que tendremos que hacer es comentarlo.
Lo he leído hace poco y … hacía años que no leía una novela con ese nivel
.

Mensaje recibido a través de Facebook de Lorena, una amiga de mi hijo que me cae especialmente bien. No lo había leído, pero me picó la curiosidad y lo busqué. La recomendación de alguien en cuyo criterio confías suele ser la mejor garantía.

Tiene algo más de 1000 páginas y he tardado en leerlo poco más de una semana sin dejar el trabajo: apenas he encendido la tele y no he dormido demasiado.

La historia que cuenta no es muy verosímil: nadie puede ser tan frágil de cuerpo, sufrir tanto física y mentalmente, y ser tan longeva. El periodista que narra no me parece un artificio demasiado logrado. Desde luego, no me ha parecido Literatura con mayúsculas: no hay que pararse para disfrutar de la forma descriptiva o narrativa, ni el vocabulario y la sintaxis son elevados, incluso se pueden encontrar errores gramaticales. Los diálogos son simples, casi de libros infantiles o juveniles, y sin embargo…

Te lleva y te trae por la época más complicada del siglo pasado, desde la República española hasta la caída del Muro de Berlín, cruzando todos sus vericuetos al recorrer los distintos escenarios, a través de una peripecia personal increible que muestra el lado oscuro de todos los totalitarismos, que nos recuerda a algunos lo que significó vivir con miedo, (aunque los peores tiempos hubieran pasado) y puede dar a conocer a otros, a los más jóvenes, lo que no deberíamos permitir que se pueda repetir. (Ayer Wikileaks publicó nuevos archivos que documentan torturas sistemáticas en Irán)

No muestra una sóla cara de la moneda.

En resumen, aunque no sea la mejor literatura, la historia me enganchó desde las primeras páginas y me parece un alegato contra los totalitarismos, de izquierdas y de derechas, documentado y necesario.  Una novela impactante. La recomiendo.

Costes y precios

¿Cuánto le cuesta a un cerrajero abrir una puerta cuando la llave se ha quedado puesta por dentro? Sacar un plástico semi-rígido, meterlo por arriba, mover un poco…. Total, un par de minutos como máximo.

¿Y cuánto le cuesta al que se dejó, por accidente, la llave puesta por dentro? Contactar con el cerrajero, esperar a que llegue (es rápido, desde luego), rezar para que no haya que perforar el bombín, y … 100 euros de nada. Si hubiera que perforar el bombín, es decir, si hay que trabajar de verdad, serían 125.

Y lo mejor: para que te hagan la factura tendrás que ingresar el IVA (18 €) en la cuenta del banco que te indique la empresa. Dan por supuesto que con estos trámites sólo vas a pedir factura si paga el seguro. Si pagas tú ¿para qué la quieres si no te sirve para nada y te cuesta 18 € y la visita al banco? Y si no hay factura, ni IVA, ¿de qué tipo dinero, y de economía, estamos hablando?

Y que conste que la búsqueda del cerrajero se realizó a traves de Google. Una empresa normal, que se anuncia como rápida y económica. Seguramente sus ingresos declarados no son muy altos, claro. Salvo que pague el seguro…

Y otra cosa: ni antes, ni en medio, ni después, pide ninguna evidencia de que la puerta que quieres abrir es de tu casa. Los okupas no tienen por qué entrar con la patada en la puerta. Aunque desde luego es más barato.

Nobel

Estos días he caído en la cuenta de que leí las primeras novelas de Vargas Llosa al tiempo que se iban publicando. Recuerdo perfectamente el orden porque en una época en que lectura llegaba a ser una adicción, me impresionaron.

La primera fue La ciudad y los perros, que me descubrió la riqueza de un español distinco, con un léxico desconocido pero inteligible. Cuando un par de años más tarde una persona cercana necesitó hacer un trabajo académico sobre ella, le ofrecí mi colaboración. La releí y volví a disfrutarla, haciendo a la vez que una crítica elogiosa, un glosario con la significación de las palabras que me habían impactado. Claro que no fue solo el léxico lo que me impactó.

Por eso tan pronto como descubrí La Casa Verde en la pequeña librería de la calle Larga la compré y la leí con avidez. Me duró muy poco.

Conversación en La Catedral la leí por primera vez mientras hacía el mes de prácticas que entonces llevaba aparejado haber aprobado las oposiciones de magisterio. Recuerdo que aquello de La Catedral hizo pensar a más de uno que estaba leyendo algo religioso. ¡Menudo equívoco! Era la primera novela que yo leía en la que aparecía la homosexualidad abiertamente, con lo que eso significaba para la iglesia. La leí dos veces seguidas: en la primera seguí la trama, en la segunda disfruté de la lectura.

Estos días he estado ordenando los libros en casa y no he encontrado Conversación en La Catedral. Todavía no he terminado, así que espero que todavía aparezcan los dos volúmenes, amarillos por efecto del tiempo, en los que se editó en su momento.

He seguido leyendo a Vargas Llosa, no sólo en sus novelas, también en artículos y reportajes. Aunque no siempre haya estado de acuerdo con sus ideas, ¡qué bien organizadas y argumentadas están! Derrocha erudición, está documentado hasta la saciedad, y se explica con una propiedad y una precisión que deslumbra.

En resumen, me he alegrado mucho de que el Nobel de Literatura de este año sea él. No me cabe duda de que lo merece.

Jubilación

Hace dos días que lo celebramos: mi amiga Charo se ha jubilado y está en condiciones de disfrutarlo.

Esto de la jubilación tiene casi siempre un sabor agridulce, aunque el término derive, como dijo en la suya Carmen Fatou, llorando, de júbilo.

La parte agria de ésta en concreto es que Charo no tiene gana ni edad de jubilarse. Y su marcha de la escuela priva a su centro de aportaciones valiosas: una maestra vocacional, siempre dispuesta a arrimar el hombro y que tiene el don de sacar de los que le rodean lo mejor de cada uno. Algo que viene bien en cualquier grupo humano pero en los que trabajan en centros docentes de la zona sur de Jerez, con las dificultades que tienen, es como el rayito de sol que alegra un día nublado. Así lo manifestaban sus actuales compañeras (ellas fueron las que hablaron).

La parte dulce es que se sienta tan bien después de lo mal que lo ha pasado. Que pueda disfrutar de la vida, de su familia y de sus amigos con tanta intensidad como lo hace. Es de las que prefieren quemar la vela de la vida por los dos extremos y hasta por el medio, a dejarla en un cajón para alimento de los ratones.

Esta noche nos emocionamos con ella. Tanto, que a más de una le costó luego coger el sueño. Y en adelante disfrutaremos con ella compartiendo los logros que seamos capaces de alcanzar y las frustraciones que la vida nos depare. ¿Para qué si no están las amigas?

De consumidores y traficantes

Algunos expresidentes -esos jarrones chinos que no se sabe muy bien dónde colocar- están lanzado opiniones incendiarias: hay que replantearse el tratamiento que se da a todo lo relacionado con las drogas, sin descartar la legalización siempre que se actúe a escala mundial.

Pues estoy de acuerdo. La situación actual es mala y tiende a empeorar. Aumenta el número de muertos por causa del narcotráfico. Hay regiones en el mundo en las que el riesgo de vivir alcanza cotas insoportables por el mismo motivo. Los delitos que tienen como causa última (o penúltima, porque el dinero está todavía más atrás) las drogas, en uno u otro aspecto, se incrementan cada día. Está claro que el prohibicionismo ha fracasado.

Lo sensato es pensar en nuevas propuestas, nuevas alternativas. Se hace necesario abrir un debate de gran calado y de ámbito mundial. Hablar de ello no va a empeorar la situación y podría ser que se encontrará una alternativa global mejor. Porque me parece  indudable que no cabe la posibilidad de que un cambio sólo local sea efectivo, no creo que se puedan hacer pruebas, para ver cómo funciona la medida, en un mundo tan globalizado como el actual.

Se dice desconocer las consecuencias de la legalización y eso se da como excusa para no plantear nungún cambio. Con esa filosofía estaríamos todavía en las cavernas. ¡Mira que no cuesta cambiar!

Por otra parte, la supresión de la  ley seca estadounidense demostró que con la legalización se evita el tráfico y los delitos aparejados, al tiempo que se hace más fácil conseguir la sustancia. Analicemos pros  y contras, y lleguemos a conclusiones.

Nunca vamos a estar todos de acuerdo. Cada día aumenta el número de prohibiciones (fumar, vender dulces en los colegios, las bebidas azucaradas…) y no sé si es la mejor manera de conseguir el objetivo que se pretende. Cierto que aquello de prohibido prohibir de los sesenta, además de una contradicción en sus términos (está haciendo aquello que prohibe hacer), es una puerilidad, una muestra de inocencia total. La vida en sociedad requiere la existencia de normas y la garantía de su complimiento. Pero me temo que estamos perdiendo demasiada libertad en aras de la seguridad.

Pese a ello, no creo que la educación sea suficiente medida para que la gente haga lo que debe y deje de hacer lo que está mal. Sin duda lo será para muchos, incluso puede que para la mayoría si las cosas se hacen bien (y una vez pasada la edad de la adolescencia, en la que demasiados contravienen todas la normas para afirmarse contra los adultos). La actuación policial, la represión de los delitos, es necesaria sin duda.

No creo que lo que sucede con el alcohol sea sea una situación ideal, especialmente en relación con una juventud a la que, de hecho, en la mayoría de las ciudades se le habilitan espacios para beber barato y sin control, aunque se diga otra cosa. Pero ¿de verdad es peor que lo que ocurre con las drogas ilegales?

A veces pienso que hay demasiado dinero y demasiado poder en juego. Hay demasiados poderosos, de esos que no se ven pero están detrás de las decisiones transcendentales, cuyo interés está en que la situación se mantenga, no importa a costa de cuántas vidas, porque no son las suyas. Y utilizan los medios de comunicación para convencernos de que cualquier cambio sería para peor.

Toda esta reflexión viene a cuento de lo que sucede a dos pasos de mi casa: todo el que lo ve tiene la impresión de que se trapichea. Seguramente no será con grandes cantidades, pero se hace y se sabe. Y no pasa nada. Hace un par de días vi llegar un coche de policía… con luces y sirenas. Temo que se pueda repetir la situación que se vivió en entre los ochenta y los noventa, cuando un grupo numeroso de jóvenes se enganchó al consumo.  Empezaron con maría y terminaron con heroína. La mayoría de ellos (y ellas) no han levantado cabeza: algunos perdieron la vida, otros la sobrellevan (metadona, trapicheo…) Hay honrosas excepciones, pero son eso: excepciones. Los implicados en el nuevo episodio puede que  no conozcan el pasado, pero sus padres sí. Y las autoridades también.

Opina Almudena Grandes, desde México.

Opina Vargas Llosa, el 07/11/2010