Contra la homofobia

El pasado viernes, aprovechando que el 17 de mayo se considera el día internacional contra la homofobia, hemos hablado en clase (segundo de ESO) del tema.

Me he dado cuenta de que intelectualmente entienden y aceptan la homosexualidad como algo normal, aunque no tengo muy claro si porque saben que eso es lo correcto y tienden a decirnos lo que saben que queremos oir, o porque de verdad lo creen.

Conocen a adultos, hombres y mujeres, que prefieren a personas de su mismo sexo. Pero si intuyen en alguno de sus compañeros (especialmente en los chicos, sí) algún detalle que les haga pensar que puede ser gay, sus puyas, sus insultos, sus motes, estarán preferentemente destinados a destacarlo en tono ofensivo.

Pero ¿qué se puede esperar de los y las adolescentes si entre los adultos en el lenguaje ordinario la mayor parte de las veces se usan  las palabras relacionadas con el tema en sentido peyorativo? ¿Si lo que oyen en su casa es, mayoritariamente, negativo en el fondo y en la forma? ¿Si en la fachada de una discoteca de ambiente se ha mantenido durante meses una pintada que les tachaba de ENFERMOS, así, con mayúsculas?

Algunos reconocen que no se sienten seguros respecto a sus propias inclinaciones, o han escuchado que eso es normal aunque a ellos no les pase, y otros no quieren saber nada de dudas. Y cabe dentro de lo posible que sean estos últimos los más dudosos y los que más molestan a los «sospechosos», porque el miedo es mal consejero.

Creíamos estábamos en camino de alcanzar la igualdad efectiva pero en esto, como en tantas otras cosas, estamos caminando en sentido contrario, marcha atrás.

Si no se lo creen, lean este artículo de Carlos Elordi que aporta los datos objetivos.

La homofobia crece en Europa

 

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