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Una buena maestra

Hoy que celebramos la jubilación de mi amiga Antonia quiero dejar constancia de lo que han supuesto sus muchos años de trabajo en Guadalcacín,  de los que coincidimos en el mismo centro los primeros dieciocho.

Antonia llego al Colegio Público Guadalcacín  (curso 79/80) cuando éste estaba en pleno crecimiento: cada año más alumnado y más docentes. Criterios dispares, encontrados a veces, para encontrar solución a los muchos problemas existentes, tanto dentro del grupo como con la Administración. Fueron momentos duros, difíciles, de crisis de crecimiento del centro, de división, que nos dieron muchos quebraderos de cabeza, pero también nos aportaron una experiencia de valor incalculable, porque si las crisis se superan se madura como personas y como grupo. Y la superamos, y la actitud conciliadora de Antonia con su serenidad, su razonamiento ecuánime y tranquilo, su discreción, fue una de las claves para lograrlo.

Después de pasar por aulas provisionales en cuadras, habitaciones de casas vacías, salón del ayuntamiento… el centro terminó teniendo edificios en dos zonas del pueblo y la administración lo divide en dos. Esa separación facilitó la agrupación del  profesorado por afinidades, quedando en el C.P. Guadalcacín un grupo de maestros y maestras, jóvenes en su mayoría, que formamos un claustro unido ante las dificultades pasadas y presentes y  convencido de que nuestro trabajo podía contribuir al cambio social que ya en aquellos años se asumía como imprescindible y que como docentes considerábamos que dependía en gran medida de la educación (no sólo enseñanza) que fuéramos capaces de aportar a nuestro alumnado.

En aquel grupo de excelentes profesionales las propuestas de actividades partían de cualquiera y eran asumidas por el resto si se consideraban beneficiosas para el alumnado. Se llevaron adelante, con esfuerzo colectivo, proyectos que respondían a convocatorias de la administración educativa (Educación Compensatoria, Proyecto Alhambra, Formación en el centro…) y otros que respondían a las inquietudes del grupo por influir en la comunidad: Maratón, Carnaval, Historia de Guadalcacín, Semana Cultural, Día del juego, Cruz de Mayo, homenaje a Dª Tomasa Pinilla… Quienes la vivimos recordamos aquella época como dorada profesionalmente pese a todo lo que supuso de trabajo fuera de horas, de dificultades. Termina con una nueva remodelación de los centros al implantarse la ESO.

Antonia es la última de aquel grupo que aún permanecía en el CEIP Tomasa Pinilla, antes C.P. Guadalcacín. Era quizá la más joven, entró en el magisterio por acceso directo, y no ha sentido la necesidad de buscar un centro más grande o más cercano a su casa como la mayoría.

Tras esta pequeña disgresión cuya finalidad no es otra que poner en contexto su trabajo, quiero dar unas pinceladas de la semblanza de Antonia, la MAESTRA con la que tuve el honor de compartir centro, experiencias, trabajo, ilusiones, esfuerzos, dificultades, alegrías y penas.

Su primera fortaleza es su gran profesionalidad. Esa cualidad que no está reñida con la vocación, pero la complementa y  la supera con creces. Me explico: quien tiene vocación tiene una suerte increíble, porque en muchas ocasiones disfruta trabajando y eso es genial: que te paguen por hacer algo que te gusta es fantástico. Pero nadie disfruta todo el tiempo. Muchas de las cosas que hay que hacer son pesadas, duras, incómodas, requieren una formación que no siempre se tiene o un esfuerzo que no todo el mundo está dispuesto a hacer, aunque debiera. Muchos de los acuerdos que se toman en los órganos colegiados no nos satisfacen o requieren salir de la zona de confort en la que como docentes nos movemos. Y eso es lo que hace un/a buen/a profesional: no sólo hacer todo su trabajo lo mejor que sabe, sino formarse para hacerlo lo mejor posible. Se puede ser buena maestra sin vocación, pero no sin profesionalidad: ella tienes ambas cosas. 

Y lo ha demostrado tanto dentro como fuera del aula. Dentro, nunca la he visto escurrir el bulto y dejar a un alumno/a difícil en la cuneta. Siempre la he encontrado buscado soluciones, hallando nuevos caminos, probando nuevos métodos para que cada niña, cada niño diera lo mejor de sí mismo, para llevar a su alumnado a su mayor y mejor desarrollo personal, buscando que alcanzara seguridad en sí mismo, autonomía y capacidad crítica, por pequeño que fuera.

Y fuera del aula su profesionalidad la ha llevado a hacer lo que fuera necesario para que los acuerdos tomados, fueran o no de su agrado, se realizaran: ¿que se acuerda celebrar el carnaval? La primera en disfrazarse. ¿Que vamos a organizar, un sábado, un maratón? Pues a primera hora para repartir dorsales y organizar grupos. ¿Qué hacemos un periódico? ¿Que vamos a recopilar y contar la historia del pueblo? ¿Que el último proyecto requiere formarse? ¿Que…? 

Otra de sus cualidades profesionales es la  generosidad. Siempre ha sido una suerte tenerla de compañera de ciclo, y no digamos de nivel. Es una trabajadora incansable que pone el fruto de su trabajo a disposición del grupo, que aporta ideas y soluciones, que elabora y comparte materiales, habilidades, respuestas, observaciones, capaz de ver y analizar los fallos para evitarlos (eso que dicen evaluación de la práctica docente, que tan necesario es y tanto nos cuesta) y todo ello sin pretender destacar, sin buscar reconocimiento: genuína generosidad.

Destaca por su carácter conciliador del que hablé al principio, muy relacionado con su empatía, su capacidad no sólo de ponerse en el lugar de la otra persona, sino hacer que otras lo hagan, que nos pusiéramos en los zapatos de quien tiene problemas y así suavizar el juicio y facilitar la solución de las crisis.

No puedo olvidar su resiliencia y su capacidad de superación manifestadas en tantas y tan difíciles situaciones personales, familiares y profesionales. A todos nos tocan, más pronto o más tarde, pero no todos las afrontamos de la misma forma.

Y termino con su valor como escritora que ha mostrado generosamente, además de en su trabajo con el alumnado, en los preciosos cuentos que nos ha ido dedicando, con motivo de nuestra jubilación, a algunas de las personas que por aquí andamos, en los que nos hemos ido viendo reflejados como en un favorecedor espejo y que como es natural conservamos como oro en paño. Sinceramente, espero que tenga tiempo para cultivar esta capacidad.

Una vez me dijeron que no debería ser maestra o maestro quien no tuviera la experiencia de haber amado a alguien. Estoy de acuerdo. He visto cambiar la actitud de más de una o uno hacia el alumnado después del primer hijo, especialmente cuando éste llega al cole. Antonia no ha tenido hijos, ni pareja, pero sí que ha querido y quiere a muchas personas, entre ellas sus alumnas y sus alumnos. Es la maestra que todos querríamos para nuestra hija o nuestro hijo.

Yo creo que digo lo mismo con otras palabras: No puede ser buena maestra quien no es buena persona: Indudablemente, Antonia es muy buena persona.

Siempre he agradecido poder contar con ella en  mi círculo de amigas y amigos, aunque no nos veamos con demasiada frecuencia.

Encuentros

dsc05104_30459573814_oHay veces en que todo parece concertarse para hacer un día especial. El miércoles de la semana pasada fue una de esas ocasiones y sucedió a base de encuentro fortuitos.

  • Una antigua alumna se sentó a mi lado en el autobús para contarme cómo le va la vida (bien, por suerte) y que a sus 28 años es una de las pocas de su promoción que no tiene descendencia, aunque tiene pareja y quiere bebés, pero todavía no. Su hermano continúa estudiando. ¡Si lo supieran sus profes de la ESO! Sorpresas te da la vida, y muchas agradables. ¡Si no tiráramos tan pronto la toalla…!
  • Una pareja con la que tuve mucha relación hace treinta  y muchos años y apenas he visto en los últimos veinte, que me ha recordado los tiempos de crianza, cuando sólo podíamos hacer aquellas actividades que permitieran acudir con niñ@s.
  • El grupo de amigas con las que me he reunido semanalmente para tomar café (o lo que venga bien) y compartir experiencias, desde hace veinte años en que generosamente me admitieron en su intimidad tras mi separación conyugal, ha vuelto a su rutina después de los casi cuatro meses en que mi ausencia de Jerez lo ha dificultado.  ¡Lo que puede aportar una reunión de amigas, y lo que se echa de menos cuando falta!
  • Otro encuentro casual me permitió felicitar a otra antigua alumna (mucho menos antigua), que no conseguía terminar su ciclo de FP por ser el nivel demasiado alto para ella, pero ha encontrado un trabajo adaptado a sus capacidades. Ha sido posible porque su maestra de PT, mi amiga Carmen, la ha puesto en contacto con una empresa que contrata (y paga, lo que estos tiempos es casi una rareza) a personas con diversidad funcional. ¡Esas maestras que no olvidan a su alumnado necesitado de oportunidades!
  • En el ascensor que tan poco uso, una vecina con la que apenas había intercambiado saludos me ha contado la causa de su jubilación anticipada que tan poca ilusión le hace.
  • Una señora de mi edad con la que compartí muchos fines de semana en una pequeña pedanía durante mi primer año de estancia en Jerez, me recordaba lo jóvenes que éramos, lo mucho que disfrutábamos de nuestras charlas, reuniones y paseos por el campo, lo claras que teníamos nuestras prioridades, lo conscientes que éramos de nuestras dificultades para alcanzar una formación si no veníamos (como era el caso de ambas) de familia con posibles (todavía vivía el dictador),  que nuestros respectivos hijos e hijas tienen estudios universitarios… y que todo parece estar truncándose en los últimos años. ¡Otra vez ! ¡Sólo van a poder estudiar los hijos de los ricos! ¡Qué claras sus prioridades! Porque son muchas más las consecuencias del austericio y los recortes, pero ella, que sólo alcanzó la enseñanza primaria, pone el acento en la educación. ¿Habrá muchas personas como ella?
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Tan fugaces como las semillas del diente de león son los momentos de la vida

Chefchauen

20160507_201835_26781436102_oEn la visita que hicimos un grupo de amigos y amigas a la ciudad marroquí de Chefchauen, me llamaron la atención algunas cosas:

  • La belleza de la ciudad, de la que dan buena cuenta las fotos.
  • La cantidad de gatos que se ven por sus calles.
  • Lo limpia que amanece la ciudad, teniendo en cuenta que no hay contenedores para la basura, las bolsas se depositan en la calle donde los gatos las rompen y esparcen la basura antes de que se recoja. La recogida en la vieja medina es manual porque sus calles estrechas y escalonadas hacen imposible el paso de vehículos.
  • El excelente servicio gestionado por la agencia con la que contratamos, en todas sus facetas: alojamiento, desayuno, traslados, información.
  • La alta calidad de la comida local.
  • La mala consideración que nuestro casero manifestaba de los autóctonos. Diez años de convivencia y sólo en el último desayuno dijo algo positivo, aunque lo matizó rápidamente: Se les dan bien los idiomas y tienen buena memoria… porque tienen el disco duro vacío.

Me recordó este casero (cuyas atenciones hacia nosotros fueron muy buenas, todo hay que decirlo) a algunos docentes que no sienten el más mínimo aprecio hacia su alumnado. Sueñan con el antiguo alumnado de bachillerato, seleccionado y domesticado, que por cierto nunca existió por mucho que crean que sí. Sienten la diversidad como un handicap insuperable y no como una oportunidad.  En el fondo no les gusta su trabajo, aunque les resulta más cómodo seguir en él que buscarse otro. Sin ellos y ellas los colegios, y especialmente los institutos, mejorarían mucho. Porque hay muy buenos profesionales, sean vocacionales o no.

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Vocación

¿Generosidad o profesionalidad?

25 años de valioso trabajo

DSC03445 (1)Este curso se cumplen 25 años desde la puesta en funcionamiento de los Centros de Educación Permanente (CEPER), cuando dejaron de ser aulas independientes para convertirse en centros organizados. Desde entonces ha llovido mucho, y muchas cosas han cambiado.

Lo explicaron en un corto filmado por el personal del CEPER Victoria Alba (profesorado y alumnado, actual y de cursos anteriores, con la colaboración de otros responsables de esta enseñanza) bajo el título: “Cuando la Educación tomó su nombre”.

Directora, Presidenta de la Asociación del Alumnado, Delegado Territorial de Educación y Concejala de Educación
Directora, Presidenta de la Asociación del Alumnado, Delegado Territorial de Educación y Concejala de Educación

Ya comenté en otra entrada, en enero del año pasado la alta valoración que me merece el trabajo que se realiza en estos Centros, y me parece que es momento de repetirlo:

El trabajo que realizan los maestros y maestras que han trabajado y trabajan en la formación de personas adultas es impresionante.

Empezaron enseñando a leer y escribir, alfabetizando,  a aquellas personas que en su infancia no tuvieron ocasión de ir a la escuela, una parte muy importante de la población entonces. Pronto se convirtieron en algo más, porque aportaban a su alumnado no solo aprendizaje de las letras, sino también de la vida: relaciones sociales, valoración de manifestaciones culturales, conocimiento de su propia realidad al contrastarla con con la de otros…

Para muchas mujeres que conozco, las “clases de adultos” han supuesto su introducción en la vida social, la toma de conciencia de la situación de esclavitud en la que han vivido, el comienzo de la asunción de sus derechos como persona. Se han hecho conscientes de su valor, de la ingente tarea que han realizado en las peores condiciones, han adquirido autoestima, en lenguaje actual: se han empoderado.

Hoy, los sucesores de aquellas aulas, convertidos en Centros de Educación Permanente de Personas Adultas, continúan la tarea. No se limitan a las enseñanzas básicas. Han ampliado su oferta en la línea de formación y enriquecimiento personal a lo largo de la vida, de modo que su alumnado es de lo más variado: ¿quién no tiene un déficit en su formación inicial? No me imaginaba yo que iba a encontrar tanto nivel en un centro de adultos, comentaba un compañero hace unos días.

Por eso, sin dejar de lado lo imprescindible (cursos para la obtención del título de graduado, formación básica), amplían su oferta: Patrimonio, para quien quiere conocer su entorno histórico-artístico. Inglés, para quienes lo necesitan por cuestiones laborales o familiares (tengo dos nietos ingleses, no me queda otra, decía una compañera) o lo quieren aprender para viajar con mayor facilidad o superar lo que consideran una asignatura pendiente. Fomento de la cultura emprendedora, donde se desarrollan estupendos y originales proyectos de muy diferentes estilos. Informática, la alfabetización actual. Educación para la salud


He conocido a una señora con más de 80 años, que no pudo ir a la escuela en su momento y ahora está yendo a clases para obtener el Graduado en Secundaria. Naturalmente, dice ella, aprobó todas las asignaturas el primer trimestre, pero no está contenta porque en Inglés, que es lo que mejor le va,
sólo obtuvo un notable: su ilusión es tener un sobresaliente. ¿No es digna de admiración?

Y lo hacen con una dedicación profesional y personal que supera la media, realizando además visitas, actos culturales, convivencias…, cuya organización requiere un tiempo y un trabajo que al parecer pesa menos si la respuesta merece la pena. El hecho es que consiguen entusiasmar a un alumnado ya de por sí interesado (asiste voluntariamente) que se integra mayoritariamente en la vida del centro, asiste a  las actividades y se esfuerza por aprender.

Profesorado asistente al acto
Profesorado asistente al acto

 

Lo han conseguido: ya no hace falta

Así es. Durante los tres primeros meses del curso no se ha cubierto una plaza en el CEPER Victoria Alba y ahora ya no es necesaria. He aquí las razones:

  • El alumnado que prepara la prueba de acceso a la universidad se examina en abril, no tiene tiempo que perder. Quien tiene medios para ello se ha ido a una academia (enseñanza privada). Los que siguen acudiendo a clase, habiendo empezado en noviembre, y renunciado a preparar las áreas específicas por falta de profesor, es difícil que alcancen una preparación adecuada. Este año los resultados del alumnado del centro en esta prueba no serán como acostumbraban. ¡Que buena forma de promocionar la enseñanza pública!
  • Tal como se preveía, el número de chicos y chicas que pretendían obtener el título de Graduado en ESO se ha visto reducido sensiblemente: no más de treinta y cinco de los cincuenta y cuatro que empezaron siguen asistiendo con regularidad. Se han aburrido porque no tenían perspectivas de conseguir su título. ¡Ya no es necesario desdoblar la clase! ¿Seguro? ¿Alguien cree seriamente que se puede atender como se debe a un grupo tan numeroso con las dificultades que tienen? ¡Por favor!
  • Pero como lo que cuenta son los números, no las personas, no hay clases masificadas,  YA NO SE NECESITA UN DOCENTE MÁS.  Se acabó el problema.

Una muestra clarísima del efecto Pigmalion. Se cumplen los pronósticos de la administración: como iban a dejar de asistir, no era necesario una maestra, o maestro, más.  Y lo peor es que esos datos, esa profecía cumplida, se utilizarán para la dotación de personal del curso siguiente: como se ha comprobado que, efectivamente, en el segundo trimestre ya no hará falta, ¿para qué nombrarlo? Total, si muchos van a dejar de asistir.

Sólo que es una falacia. Claro que una parte del alumnado que prepara pruebas se aburre y abandona, pero ni mucho menos en la medida en la que ha sucedido este curso. ¿Quién no abandonaría si las perspectivas de superar la prueba fueran tan escasas?

Como ya dijimos en otra ocasión, el prestigio de un centro docente se logra con muchos años de buen trabajo y se puede perder con mucha facilidad. Este curso los resultados serán peores. ¿Qué pasará el próximo?

Una administración educativa no puede, no debe, olvidar la necesidad de formación de aquellas personas que están en peores condiciones para defenderse en la vida, para insertarse en la sociedad y reunir las condiciones imprescindibles para acceder a un trabajo digno. Y en esa categoría entran sin duda aquellas que no tienen titulación académica, lo dicen todas las estadísticas que relacionan nivel de estudios y paro.

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Una administración educativa que se denomine socialista, como la actual, no puede permitirse el lujo de despreciar a las personas con mayores dificultades y echarlas en los brazos de centros privados a los que pocos tienen la posibilidad de acceder. No puede negar el pan y la sal a los centros públicos mientras mantiene conciertos con centros privados que mal disimulan la selección de su alumnado. O, ¿por qué creen que en tantos centros concertados hay tan poco alumnado con necesidades educativas especiales (con la honrosa excepción, en Jerez, de SAFA), o proveniente de familias con escaso poder adquisitivo? ¿Por casualidad?

¿Y saben qué? Los administrados no deberíamos consentirselo.

 

El machismo hace sufrir, y mata

Parece que no es tan fácil como puede parecer (y como debería) reconocer las actitudes y actuaciones machistas en la sociedad y en la familia. Si lo fuera no se colarían en anuncios y también en expresiones y manifestaciones de gente bien pensante que no se considera machista,  indicios de lo que hay debajo de las buenas formas, en cuanto se rasca un poco.

Como sufrió Loli con sus nietos en un juego de feria, y cuenta aquí.

Como describe  en un gran artículo lleno de ironía Barbijaputa la exposición de  juguetes en un centro comercial en los días previos a reyes.

Como le sucedió a la vicepresidenta del gobierno en funciones cuando pretendiendo, entiendo yo, destacar actitudes machistas en los chicos lo que hizo fue culpabilizar a las chicas de la violencia que sufren: No le permitas que…  (Si lo permites es tu responsabilidad)

Como les sucede a los maridos colaboradores (por supuesto no machistas) cuando dicen, incluso si la mujer trabaja fuera de casa y él no, que ayudan o colaboran en las labores domésticas. No comparten, si ayudan es porque no son suyas, claro. Están haciendo un favor. ¿A quién?

O a las madres que están encantadas de que su hija tenga novio porque así esta controlada. Es que es tan difícil… se excusan cuando les haces pensar en ello. Los chicos no necesitan control.

O las que incitan a sus hijas a aguantarse porque la convivencia es difícil y alguien tiene que ceder.

O las que no se respetan a si mismas y no se hacen respetar ejerciendo sus derechos, y con ello enseñan sin pretenderlo tanto a sus hijos como a sus hijas que en la familia la mujer está subordinada. Y si lo está en casa, ¿dónde no? ¿Como podrán sus hijas considerarse iguales a sus compañeros? ¿Como podrán sus hijos tratar a sus compañeras como iguales?

Me llamó la atención un artículo relacionado con el asesinato de una mujer por su pareja, nomasvg-forgesporque los amigos y vecinos no querían que se hablara de violencia de genero sino de locura porque era muy buena persona. Pero los síntomas eran claros:  La tarde anterior “fue la primera vez” que la fallecida podía quedar a solas con una amiga. Le había dicho a su marido que necesitaba un poco de espacio. El no quería que ella saliera. ¿Por qué empatizan tanto con él? Para mí está claro: porque si rascas…

Llevamos muchos años trabajando en coeducación, en igualdad, en las escuelas. Y los resultados no son buenos: muchos chicos minusvaloran a las mujeres en general y a sus parejas en particular, hay chicos que maltratan a sus parejas y chicas que soportan  los malos tratos (lo he visto) sin romper la relación, las madres siguen siendo las responsables de la casa y de los hijos en demasiadas ocasiones (a veces con ayuda), una mujer que trabaja muchas horas fuera de casa es una madre ausente pero un padre que trabaja muchas horas es un hombre responsable…, y siguen muriendo mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas.

Y es que mientras en las familias la relación no sea igualitaria; mientras la sociedad tolere y no reconozca las actitudes machistas; mientras haya quien defienda desde un partido político que es igual la violencia de los hombres hacia las mujeres que la de las mujeres hacia los hombres, sin tener en cuenta que las estructuras sociales están tan asentadas sobre el machismo que es el miedo  del hombre que ve amenazado su poder, el de quien que ha construido una sociedad a su medida y no quiere perder sus privilegios el que actúa y el que puede que incluso esté repuntando, como se argumenta en este artículo; mientras haya obispos que ligan la violencia de género con que ellas piden el divorcio; mientras todo eso no cambie, aunque en la escuela se trabaje, se debata, se analice, se llegue a conclusiones y se presenten en distintos formatos, la evolución será demasiado lenta.

Y en las escuelas se sigue trabajando. Como muestra un botón. Pero es necesario algo más. Para modificar esas estructuras latentes o manifiestas hace falta un acuerdo global para activar todos los recursos posibles.

Un video sobre las pequeñas cosas que llevan a las grandes: