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Encuentros

dsc05104_30459573814_oHay veces en que todo parece concertarse para hacer un día especial. El miércoles de la semana pasada fue una de esas ocasiones y sucedió a base de encuentro fortuitos.

  • Una antigua alumna se sentó a mi lado en el autobús para contarme cómo le va la vida (bien, por suerte) y que a sus 28 años es una de las pocas de su promoción que no tiene descendencia, aunque tiene pareja y quiere bebés, pero todavía no. Su hermano continúa estudiando. ¡Si lo supieran sus profes de la ESO! Sorpresas te da la vida, y muchas agradables. ¡Si no tiráramos tan pronto la toalla…!
  • Una pareja con la que tuve mucha relación hace treinta  y muchos años y apenas he visto en los últimos veinte, que me ha recordado los tiempos de crianza, cuando sólo podíamos hacer aquellas actividades que permitieran acudir con niñ@s.
  • El grupo de amigas con las que me he reunido semanalmente para tomar café (o lo que venga bien) y compartir experiencias, desde hace veinte años en que generosamente me admitieron en su intimidad tras mi separación conyugal, ha vuelto a su rutina después de los casi cuatro meses en que mi ausencia de Jerez lo ha dificultado.  ¡Lo que puede aportar una reunión de amigas, y lo que se echa de menos cuando falta!
  • Otro encuentro casual me permitió felicitar a otra antigua alumna (mucho menos antigua), que no conseguía terminar su ciclo de FP por ser el nivel demasiado alto para ella, pero ha encontrado un trabajo adaptado a sus capacidades. Ha sido posible porque su maestra de PT, mi amiga Carmen, la ha puesto en contacto con una empresa que contrata (y paga, lo que estos tiempos es casi una rareza) a personas con diversidad funcional. ¡Esas maestras que no olvidan a su alumnado necesitado de oportunidades!
  • En el ascensor que tan poco uso, una vecina con la que apenas había intercambiado saludos me ha contado la causa de su jubilación anticipada que tan poca ilusión le hace.
  • Una señora de mi edad con la que compartí muchos fines de semana en una pequeña pedanía durante mi primer año de estancia en Jerez, me recordaba lo jóvenes que éramos, lo mucho que disfrutábamos de nuestras charlas, reuniones y paseos por el campo, lo claras que teníamos nuestras prioridades, lo conscientes que éramos de nuestras dificultades para alcanzar una formación si no veníamos (como era el caso de ambas) de familia con posibles (todavía vivía el dictador),  que nuestros respectivos hijos e hijas tienen estudios universitarios… y que todo parece estar truncándose en los últimos años. ¡Otra vez ! ¡Sólo van a poder estudiar los hijos de los ricos! ¡Qué claras sus prioridades! Porque son muchas más las consecuencias del austericio y los recortes, pero ella, que sólo alcanzó la enseñanza primaria, pone el acento en la educación. ¿Habrá muchas personas como ella?
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Tan fugaces como las semillas del diente de león son los momentos de la vida

¿Celebración o reivindicación?

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Este año, por fin, no hay discusión: el ocho de marzo muchas mujeres y bastantes hombres  (no los suficientes, desde luego) reivindicamos los derechos de las mujeres. Los que en algunos países, el nuestro entre ellos, la ley nos reconoce pero la sociedad no hace efectivos, ni en el ámbito privado ni en el público.

Por fin parece que comienza un movimiento internacional, porque la lacra de la violencia contra la mujer es mundial, con la convocatoria de una protesta de mujeres que busca evidenciar cómo sería el mundo si las mujeres no hiciéramos lo que hacemos, nos paguen por ello o no. La convocatoria se ha extendido a muchos países, España entre ellos. Si hoy ves mujeres vestidas de negro o de lila, entiende que están, estamos, reivindicando igualdad, protestando por la violencia de género que lleva 18 mujeres asesinadas (no muertas) a manos de sus parejas, exigiendo «que pare el mundo porque nos están matando, porque no funciona sin nosotras, que paren las calles hasta que podamos transitar seguras, que paren los feminicidios porque nuestras vidas no están a disposición de otros».

Para quienes piensan que no es para tanto, que nos quejamos por vicio, copio aquí el texto que una amiga me envió por WhatsApp, que recoge situaciones habituales que desvelan los micro, o no tan micro, machismos que todas sufrimos o hemos sufrido:

Me dijeron:
No te pongas ese vestido tan corto.
Y después violaron a una mujer cuando llevaba sus vaqueros favoritos.

Me dijeron:
No te quedes hasta muy tarde.
Después arrancaron la ropa y tocaron los pechos de una chica a plena luz del día en unas fiestas populares.

Me dijeron:
No viajes sola por la noche.
Y después violaron y mataron de día a dos mujeres, cuando descubrían el mundo, acompañadas la una de la otra.

Me dijeron:
No cojas el transporte público por la noche.
Luego manosearon a una chica en el metro, sin que nadie hiciera nada, de camino a la universidad.

Me dijeron:
Pídele a algún amigo que te acompañe a casa.
Y luego señalaron y llamaron calientapollas a una chica cuando lo hizo.

Me dijeron:
No sonrías a extraños.
Y luego gritaron borde, puta y quiéntecreesqueeres a una mujer por pasar de largo.

Me dijeron:
No bebas mucho.
Y después pusieron droga a una chica en su bebida.

Me dijeron:
Ten siempre el teléfono a mano.
Y luego una mujer recibió en ese mismo teléfono un vídeo de todas las cosas que le habían hecho la noche anterior.

Me dijeron:
No te vayas con desconocidos.
Y luego una mujer fue violada por un amigo. Una pareja. O un familiar.

Me dijeron:
Denuncia.
Y después le preguntaron qué llevaba puesto, cuánto bebió y por qué se fue con él.

Me dijeron. Me dijeron. Me dijeron.
Ten cuidado, ten cuidado, ten cuidado.
Lo tuve. Lo tengo. Lo tendré.
Hice todo lo que me dijeron.
Ahora explícame qué es lo que hice mal.

Estoy de acuerdo: no todos los hombres sois así.
Pero entiéndelo tú.
A todas las mujeres nos pasa. A todas nosotras.
A mi madre. A mí. A mi hija. A mi amiga. Y a mi compañera de trabajo.
A tu madre. A tu mujer. A tu hija.
A todas las mujeres.
¿Lo empiezas a entender?

No me digas a mí lo que tengo que hacer.
Díselo a ellos.
Enséñales consentimiento.
Enséñales que NO significa NO.
Enséñales respeto.
Enséñales que las mujeres no somos un juguete, ni un objeto, ni una propiedad.
Enséñales a ser responsables.
Enséñales a no violar.

A veces me pregunto si nos odiáis.
A veces me pregunto por qué nos odiáis.
De forma lógica. De forma emocional. Diciendo. Preguntando. Rogando.
Lo hemos intentado todo.

Ya no sé qué más decirte.
Ya no sé cómo explicarlo.
Ya no sé cómo pedirlo.
Qué coño queda por hacer.
No queda nada.
Excepto dolor.
Y rabia.”

Vitika Roy

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¡Qué dura es la vida!

En los últimos días mi hijo ha perdido al compañero de su vida durante los últimos nueve años. Es verdad que un amor de nueve años vividos con intensidad vale mucho más  que toda una vida de rutina. Y también que desde que se conocieron sabían que era fácil que, aunque durara toda la vida, su relación no sería demasiado larga en el tiempo. Pero nada de eso hace menos dolorosa la pérdida.

¡Qué dura es la vida para algunas personas! Es durísima una pérdida repentina, pero no lo es menos ver y sentir que la persona a la que quieres se te está yendo como agua entre las manos, sin que puedas hacer nada para evitarlo. Sólo acompañarla como siempre, servirle de apoyo y consuelo y respetar sus deseos, incluso si no estás de acuerdo con ellos.

Poder despedirse de forma consciente, manifestarse mutuamente los sentimientos que la separación provoca, aunque nunca se consideren suficientemente expresados, aporta a la persona que se va consuelo y tranquilidad, y a quien se queda, además, recuerdos imborrables del amor y el afecto que les unió hasta el final.

Y ahora la vida debe seguir. No será fácil, sin duda. Quedan muchos momentos de dolor, muchas lágrimas por llorar, muchos espacios que llenar, mucho tiempo para recordar… Pero hace mucho tiempo que sabemos que hay que vivir el presente porque el pasado se fue y el futuro no sabemos si llegará, lo que tenemos es el hoy y no está vacío: en él hay amigos y amigas que siempre han estado y siguen estando ahí, de forma incondicional, y familiares que apoyan sin invadir tu espacio, en lo que somos expertas las mujeres de mi familia. Y el trabajo, una buena terapia cuando aquello a lo que te dedicas te gusta y puede llenar tu vida.

 

 

Falsos positivos

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Hasta no hace mucho, cuando escuchaba hablar de falsos positivos pensaba en esos deportistas que en los controles antidopaje daban positivo y luego podían demostrar que no habían consumido drogas.

Ahora sé que hay otros falsos positivos: se refieren a personas encontradas muertas de forma violenta a manos de militares por ser aparentemente guerrilleros y que luego se demuestra que no lo eran: todo había sido un montaje. En muchas ocasiones un montaje tan burdo como para que la ropa del supuesto guerrillero no estuviera agujereada por las balas que acabaron con su vida o el arma amenazante estuviera empuñada por una mano inútil. Tan seguros se encontraban de que no habría investigación, de que su palabra sería dada por buena y cobrarían las primas que la ley les ofrecía por eliminar revolucionarios,  mayores si éstos portaban armas o tenían galones. Terrorismo de estado.

Aunque luego algunas, o muchas, hayan abandonado la lucha, fueron las mujeres de Soacha, las madres de los desaparecidos, quienes consiguieron que se investigara, sacaron a la luz los falsos positivos, exigieron justicia y lograron incomodar a las fuerzas armadas del estado poniendo en riesgo sus vidas y las de sus familias. En las guerras de unos pueblos contra otros intervienen mayoritariamente los hombres, en la lucha por los derechos suelen ser las mujeres las mas implicadas.

De las muchas cosas que Luz Marina Bernal contó ayer en la biblioteca de Guadalcacín, me impresionó especialmente que dijera que vivió cuarenta y ocho años sin darse cuenta del país en el que vivía y lo descubrió de golpe el día que su hijo Leonardo desapareció. Para ser víctimas de la violencia no es preciso pertenecer a un grupo implicado en política, ni siquiera vivir en zona de conflicto. En su caso en concreto sus probabilidades de sufrirla aumentaban por ser pobre, como pasa en tantos otros conflictos.

Al Nobel de la Paz estaban propuestas personas representantes de las tres partes del conflicto que pareció a punto de resolverse: el estado, la guerrilla y las víctimas. Si una de ellas era más merecedora que las demás indudablemente era la que encarna la lucha por la justicia y la verdad, la que representa a esas víctimas que están dispuestas a poner su firma en un acuerdo de paz, aunque sea con la nariz tapada, para conseguir que no haya que lamentar nuevos sufrimientos. Si se trataba de comprometer al presidente, como dice Luz Marina, para que no renuncie a negociar hasta que el acuerdo se firme, bien podían haberlo concedido ex aequo a los tres. En otras ocasiones ha sido compartido. Pero se impuso la política.

Que una ONG como Intermón Oxfam se haya posicionado tan claramente a favor de los derechos humanos como para dar ocasión a que las víctimas de un conflicto expliquen lo que pasa en su país, y apoyarlas expresamente en su lucha contra el orden establecido porque es de justicia, me parece una buena noticia.

Jazztel y Seur, Seur y Jazztel

El pasado 21 de octubre, tras haber intentado utilizar los datos del móvil sin éxito, caigo en la cuenta de que ya me ha sucedido días antes. En realidad llevaba sin datos móviles desde el 18, porque a partir del 17 no había consumo.

Llamo a mi operador, Jazztel, con el teléfono fijo porque no recogen las marcaciones del móvil, esas de la centralita automática: “Si su consulta es sobre el teléfono desde el que habla, pulse 1, en caso contrario…”

Después de varias comprobaciones de configuración llegan a la conclusión de que puede que el fallo sea de la tarjeta o del teléfono. No tengo forma de comprobarlo hasta la mañana siguiente. Cuando lo hago en la tienda y la que falla es la tarjeta, pido que me hagan un duplicado, pero no se hace en tienda como sucede con otras operadoras, hay que pedirla por teléfono y esperar al mensajero.  ¿Por qué? ¡Ah…!

Llamo una infinidad de veces sin éxito. Intento utilizar twitter:

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No hay respuesta. Lo último que aparece en su cuenta es de 2015. Parece que no la usan. Vuelta al teléfono. Al final lo consigo. La tarjeta llegará el lunes o el martes. Insisto en la urgencia porque salgo de viaje el martes. Me llamará, dice la persona que me atiende al teléfono, el lunes por la mañana para hacer seguimiento y decirme la empresa de mensajería que se hace cargo.

El domingo me surge un imprevisto y tengo que anticipar la salida pero estaré en Córdoba lunes y martes. No debe ser imposible que la entrega se haga allí, el domingo no salen los envíos. Llamo. Efectivamente no hay problemas, el envío no ha salido, se modifica la dirección y listo. ¡Bien!

El lunes responde Eva por twitter. Lo usan, sólo mensajes directos, en privado, pero los fines de semana no responden por este medio.

 

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Le doy lo datos y responde:

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El martes 25 me llama SEUR: no han podido entregarme el paquete ¡en Jerez! porque no estaba en casa. Dicen no tener información de cambio de dirección de entrega.

¡Otra vez a llamar al 1565! Y otra vez a escuchar la propaganda, a marcar números para seleccionar opciones y a esperar porque “Todos nuestros operadores están ocupados en estos momentos. Manténgase a la espera“. No saben nada de Córdoba y yo ya no tengo interés en ello puesto que mañana salgo para Salamanca.

La señora o señorita que amablemente me atiende toma nota de la nueva dirección (en 24-48 horas estará allí el paquete). Me pasa con Seur para confirmar los datos, pero… ¡el nombre de la calle está equivocado!. Ellos no pueden corregir nada, “tiene usted que llamar de nuevo a Jazztel para que lo rectifique y nos lo comunique”. ¡¡Bien!!

Vuelta a empezar. Otra persona al aparato. Después de corregir la dirección pido confirmar los datos con el operador logístico (así llaman a la empresa de mensajería) pero en esta ocasión no es posible.

El miércoles 26, mientras vamos de camino, nueva llamada de Seur: otra vez han intentado entregar el paquete ¡en Jerez!. No tienen orden contraria. Seguimos para bingo.

Pues nada, esperaremos a que las gestiones den resultado. Pero no. El viernes 28, una semana después de la primera gestión:

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Y la respuesta:

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Le doy la dirección, le explico lo sucedido, dice que el cambio figura anotado el 28, no el 25, y…

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Pues nada, el miércoles. ¡Son rápidos!

Una vez en Jerez, compruebo en la página de Seur la situación. Dice:

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Bien, había pedido que hicieran la entrega por la tarde, se confirma, parece que esto está a punto de finalizar. Por si acaso (ya no me fío) llamo a Seur. En el mensaje de texto en el que me comunicaban el identificador (creo que el día 26, pero no lo puedo comprobar porque tuve que formatear el el móvil para que la tarjeta funcionara, y no lo anoté antes) hay también un número de teléfono. Llamo. No hay nada a mi nombre para entregar. Con el identificador averiguan que el paquete está en Cádiz y estoy llamando a… ¡Salamanca! O sea que la información estaba, pero son de una eficiencia, tanto los unos como los otros, digna de poner en sus manos asuntos vitales.

Me da el número de Cádiz y llamo. El repartidor de la zona no lo tiene, puede que alguno de los de refuerzo lo tenga. Averiguo y la llamo, me dice.

Pero a las 20 no había llamado la operadora telefónica ni tampoco el mensajero y la atención telefónica termina a las 19:30. ¡Hasta mañana!

Jueves 3 de noviembre. Llamo a Seur Cádiz. El paquete está en la oficina de Jerez, no en reparto. Puedo recogerlo en la oficina o esperar a mañana. Me subo por las paredes. ¿Me puede explicar por qué no se hizo la entrega programada para ayer? Claro: el mensajero no me encontró porque en la dirección faltaban datos. ¡Pero si me habían dicho que no lo tenía el repartidor! ¡Y habían intentado entregarlo dos veces antes!

Me da la dirección de la oficina, en zona sur de Jerez. Le digo que iré a buscarlo, ¡qué remedio!, pero pondré una reclamación. Claro, en la oficina puedo hacerlo, dice, y la dejo relatando.

Encontrar la dirección me cuesta dar vueltas y preguntar unas cuantas veces (no tengo datos y por tanto no puedo usar el navegador del móvil y mi sentido de la orientación es bastante deficiente). Cuando llego ¡sorpresa!: mi paquete no está. ¿Cómo? Se lo acaban de llevar al Puerto de Santa María, donde está la central provincial de Seur, para el reparto de la tarde. Pido la hoja de reclamaciones. ¿Saben qué? Dice que las reclamaciones hay que hacerlas en El Puerto, en la central. No estaba yo en condiciones de discutir, cansada y hambrienta, así que lo dejé estar de momento, pensando que era una más de las demostraciones de la forma de funcionar de estas empresas que debería denunciar.

Finalmente el mensajero llega por la tarde. Se ve que no les gustan las reclamaciones, porque las opciones fueron claras: si no la recoge en la oficina, hasta mañana.

Toda una odisea.

Queda el final: la compensación por las molestias. El 28 de octubre, generosamente,

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Y el 3 de noviembre, por fin

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Han sido 12 días y van a compensarme por tres semanas. ¿Como valorarán haberme tenido sin datos y llamando, esperando, tomándome el pelo, durante tres semanas, que son más de 12 días? Porque quedarse sin datos cuando se tienen contratados y se paga por ellos ya es malo, pero no tenerlos precisamente cuando se sale de viaje es toda una faena. Menos mal que no iba sola y la otra persona sí disponía de servicio.

Pues aquí está su valoración:

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¿A que es de una generosidad que asusta? ¿Deja otra opción que buscar una operadora mejor?

 

Palabras, palabras

hablarAllá por 1971, cuando empecé a trabajar en Jerez, ya hacía tiempo que había dejado de emplear palabras que se decían en mi pueblo de origen pero que en entornos más urbanos, y parecía que más cultos, me daba  la impresión de que sonaban mal, aún en el caso de que fueran comprendidas sin problemas, cosa que no siempre sucedía.

Pronto superé el complejo de ser de pueblo como casi todo el mundo, y empecé a valorar la cultura local. Visto con la perspectiva que da el paso del tiempo creo que fue un inspector de educación, Francisco Fernandez Pozar, el que con su empeño por descubrir y hacer que se valorara la cultura y especialmente el habla andaluza, por entonces considerada una forma de hablar mal el castellano, el que me puso en situación de valorar también mi propia cultura local.

Que hablando el mismo idioma tuviéramos particularidades tan diferentes fue una experiencia que dio lugar a situaciones graciosas, a anécdotas que ilustran tanto la riqueza del idioma como las particularidades locales.

En mi primer trabajo, la madre de una alumna de seis años me dejó un medicamento por si a su hija le salía la mosqueta. Como no me atreví a preguntar, (lo que hace la inseguridad) tuve que leer el prospecto para descubrir que la niña era propensa a sangrar por la nariz. Fue ésta una palabra que a castellanas y extremeños (y viceversa) nos hizo reír en más de una ocasión. Recuerdo que Angel, un compañero extremeño, el año en que abrimos el colegio San Telmo (hoy instituto) pidió a un alumno que se subiera la cremallera cuando otro le dijo que aquél tenía una mosqueta.

En ese mismo primer año de trabajo en Jerez, una cría vino a decirme que tenía fatiga. Yo la miré con cara rara, seguro,  y le pedí que se sentara a descansar un ratito. ¿Como iba yo a pensar que lo que tenía la pobre eran nauseas? Terminé recogiendo el vómito.

La única de mis compañeras que no era monja (fue mi único curso de trabajo en la enseñanza privada), era de un pueblo de Huelva y usaba con amigas y compañeras, para la segunda persona de plural el pronombre ustedes, con el verbo en segunda persona: Ustedes sabéis lo que quiero decir. Algo que se escucha con mucha frecuencia. Mi sorpresa fue que cuando tuvimos la primera reunión de padres y madres, queriendo tratarles con cortesía, no pretendiendo tutearles, en vez de ustedes ponía el vosotros.

En Torrecera, donde iba muchos fines de semana a colaborar en actividades juveniles, descubrí la ofifa, abreviatura de aljofifa, (bayeta) que tampoco conocía. Y cuando mostré mi curiosidad porque a los hoyos en el suelo les denominaban boquetes, palabra que entendía perfectamente aunque fuera de uso habitual para mí, me explicaron que allí a un hundilón de decían un boquete.

Nos sorprendemos cuando oímos palabras infrecuentes o expresiones poco habituales, y yo, además de sorprenderme, las he ido coleccionando. Y ampliaré la colección según las vaya recordando o encontrando. Están en esta página.