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Docentes y más

No lo sabía, pero resulta que hoy, 5 de octubre es el Día Mundial del Profesorado. Aprovecho la ocasión para difundir un documento elaborado por Marea Verde cuyo contenido comparto íntegramente.

EL DERECHO A LA EDUCACIÓN Y LA LIBERTAD

   La Educación Pública es la única que garantiza la equidad y la cohesión social. Necesitamos un Sistema Público de Educación, de titularidad y gestión pública, como eje vertebrador y fundamental del sistema educativo. La educación es un derecho universal que, según los tratados internacionales de la ONU y la UNESCO y la propia Constitución Española, debe ser garantizado mediante un servicio público que permita ejercerlo en condiciones de igualdad, sin ningún tipo de discriminación de origen social o cultural, o por razones de creencias, de sexo, de orientación sexual o cualesquiera otras características de índole personal.  

   Estos días se está hablando mucho de una pretendida “libertad de elección de centro escolar”. Realmente, tras ese término se esconde una preferencia de selección escolar. Es cierto. Algunas familias muestran una cierta predilección por los centros concertados a la hora de escolarizar a sus hijos e hijas frente a la opción de los centros públicos, y eso a pesar de que estos últimos presentan condiciones objetivas más favorables para la educación de calidad (por ejemplo, contando con aulas menos masificadas o con profesorado seleccionado en pruebas objetivas que respetan igualdad, mérito y capacidad). Podríamos pensar que los centros concertados pueden ofrecer una mayor calidad en la educación académica, pero los datos lo desmienten. Tampoco los resultados respaldan una hipotética mejor formación en comportamientos sociales en los centros concertados con respecto a los centros públicos. Por otro lado, el factor religioso (católico) tiene una cierta relevancia, aunque no es determinante en último extremo, para la elección de centro.

Lo que sí respalda la evidencia estadística, es la creencia de los padres y las madres en que los ‘contactos’ sociales y los compañeros y las compañeras de aula pueden influir en los resultados educativos y en el futuro sociolaboral de sus hijos e hijas, motivo por el cual suelen preferir centros concertados. Es decir, las características socioeconómicas medias del alumnado y de sus familias parecen proporcionarles más ventajas en las relaciones futuras. Lo cierto es que detrás de muchas invocaciones a la “libertad” de elección de centro lo que se esconde es el rechazo a la mezcla social, a educar a los hijos e hijas con los que no son de la misma clase.

Los estudios especializados así lo demuestran. Una reciente investigación en sociología de la educación, de la UAM (Rogero y Andrés, 2016), confirma que “la libertad de elección de centro no existe, es un término falaz para justificar un sistema que segrega al alumnado y que sirve a las clases medias y altas para alejarse de los alumnos extranjeros y de las clases bajas”. El informe de la OCDE denominado “Equidad y calidad de la educación. Apoyo a estudiantes y escuelas en desventaja”, indica claramente que “proporcionar plena libertad de elección de escuela a los padres puede dar por resultado la segregación y generar mayores desigualdades”.

En definitiva, el sistema de “elección de centro” se basa en la lógica individualista de la “ética del más fuerte” y no en la lógica igualitaria de la pluralidad y la convivencia. Así entendida, la libertad de elección es un privilegio y no un derecho.

La Constitución no ampara los conciertos. La libertad de enseñanza reconocida por la Constitución Española (Artículo 27) se concreta en la posibilidad de creación de centros privados, con arreglo a una normativa estatal, para el reconocimiento y homologación de sus actuaciones. Pero en modo alguno se contempla en nuestra Constitución, la posibilidad de que las familias deban recibir una ayuda pública para elegir entre ambas redes, pública y privada, ni que ésta última deba ser financiada con fondos públicos.

El texto constitucional no indica que el Estado esté obligado a otorgar gratuidad a la educación en centros privados por el simple hecho de que las familias elijan un centro distinto del creado por los poderes públicos.

Así lo dejó asentado el T. C. en la sentencia 86/1985, de 10 de julio: “…siendo del todo claro que el derecho a la educación no comprende el derecho a la gratuidad educativa en cualesquiera centros privados, porque los recursos públicos no han de acudir, incondicionadamente, allá donde vayan las preferencias individuales.”

La educación concertada de España es una anomalía en la UE. La media de centros privados financiados públicamente alcanza el 32,7%, en el país, en todos los demás países, la educación es fundamentalmente pública (89,2% en primaria y un 83% en secundaria en la UE-28, frente a un 67,3% de España).

Hay otra realidad incuestionable, la educación concertada segrega: La doble red de centros, se ha convertido en estos años en garantía de desigualdad. El 82% del alumnado inmigrante, de minorías y con necesidades educativas específicas está escolarizado en la escuela pública . Por tanto, no cabe hablar de calidad de la enseñanza, sino de calidad social de la clientela. Con ello nos encontramos ante un círculo vicioso de segregación social que, de continuar, aboca a una importante merma de la equidad y la cohesión social.

El sistema de conciertos educativos se planteó como una medida transitoria, como complemento a una red pública, ante la insuficiencia de centros públicos que existían en España a principios de los años 80, cuando el derecho a la Educación se hizo universal. Sin embargo, hoy es muy factible la desaparición paulatina y no traumática de los conciertos educativos. Como ya se ha hecho de manera puntual en varias comunidades autónomas. Sin perjuicio económico para las instituciones, y con la integración laboral del profesorado.

Estamos ante la disyuntiva entre dos proyectos ideológicos, sociales y políticos a nivel mundial. Dos formas radicalmente diferentes de entender el ser humano, las relaciones económico-sociales y la educación.

El primero, asienta sus raíces en un modelo económico y social  basado en el egoísmo competitivo. Para esta ideología el interés colectivo no tiene por qué ser la finalidad de la política educativa. Aboga por un mundo de competición descarnada, donde el mercado regule quién sobrevive en esta lucha permanente y desaparezcan los mecanismos de protección del bien común.

Existe otro modelo que considera que la finalidad de la educación es conseguir el amor y el gusto por el saber, el desarrollo moral y la formación de ciudadanía crítica y comprometida con la mejora de la sociedad en la que viven. Busca la mejora de todas las escuelas públicas y hacerlas aceptables a las familias, en vez de incitarlas a elegir y competir, ya que no solo es menos costoso, sino que preserva los fines sociales de la educación. Este el el nuestro.

Prioridades

CIMG1357En todos los comienzos de curso, en todos los centros docentes y muy especialmente en los institutos de secundaria, hay unos días en los que el profesorado está nervioso, expectante, malhumorado… esperando que el equipo directivo comunique los horarios. 

Quien no ha tenido que ser responsable de su elaboración alguna vez no tiene ni idea del trabajo que conllevan. Previo, porque si no se tiene clara la organización del centro y el orden de prioridades, no hay forma de que salgan. Durante, porque hay que ver el conjunto y las particularidades para prever las implicaciones de los detalles que luego otras personas magnificarán si no les benefician. Y posterior porque no es posible contentar a todo el mundo, sobre todo si se prioriza el interés del alumnado y no los deseos del profesorado.

Cuando digo que es especialmente problemático en los centros de secundaria, no quiero decir que en los de primaria no haya problemas. Los hay, pero tienen menor calado porque el horario de permanencia en el centro, incluyendo las horas no lectivas, es el mismo para todo el profesorado. En secundaria no es así: el alumnado tiene más horas de clase que cada profesora o profesor de permanencia semanal en el centro, no sólo de docencia. Eso significa que puede entrar más tarde, salir antes, o tener horas libres en medio de las ocupadas, ya sea con clase o con otras actividades. La diferencia es importante, de ahí que pueda ser fuente de conflictos.

Después de tener clara la organización: grupos, medios grupos, tutorías, jefaturas de áreas y departamentos, materias comunes, optativas, horas de apoyo y refuerzo, grupos que las necesitan imperiosamente, personal que las va a impartir, quién admite otro profesor o profesora en clase, grupos de religión (que limitan escandalosamente las posibilidades organizativas), … se suele preguntar al profesorado sus preferencias en horas libres, para tenerlas en cuenta si fuera posible: conseguirlo puede mejorar las condiciones laborales y con ello el ambiente de trabajo. Si se respetan los criterios pedagógicos redunda en beneficio colectivo, a la vez que individual.

Y puede ser que se produzcan incongruencias como que la misma persona que  ha defendido con calor al debatir las prioridades para la elaboración del horario que determinada materia (la suya) no debería impartirse a última hora, cuando el alumnado está cansado, pida que sus horas libres sean las primeras de la mañana para poder llevar a su hija al colegio. Y sucede que la mayoría quiere libres las últimas horas del viernes y muchos alguna responsabilidad que no suponga mucho trabajo y le libre de guardias, y…

A la hora de elaborarlo hay distintos métodos, pero se suele utilizar el mismo en dos modalidades: una aplicación informática, bien usada por el equipo directivo o por personal ajeno al centro, una empresa que obtiene pingües beneficios a cambio de limar las tensiones en los claustros.

Precisamente hoy, domingo, víspera del comienzo oficial de las clases, sé de algunos equipos directivos (y habrá muchos otros) que están peleándose con el programa para que los horarios de todos los grupos sean lo mejor posible, afinando el nivel de las coincidencias en días seguidos, en horas en los últimos tramos, en grupos a la misma hora para poder hacer agrupamientos flexibles, en las preferencias del profesorado… El mejor horario que consigan (desecharán muchos por el camino) no respetará todos los criterios pedagógicos fijados al cien por cien, ni se adecuará a las peticiones de todos y todas. Y mañana habrá quien piense que ha tenido mala suerte o puede que hasta crea que le han fastidiado adrede porque les cae mal. Y quien entienda que ya es una suerte que haya unas cuantas horas a la semana que no tienen horario fijo, mientras la mayoría de los trabajadores no pueden ni opinar del suyo. Pasados unos días el horario de trabajo es una rutina, se acaba la tensión.

Algunos centros (bastantes a juzgar por la dificultad para obtener cita) acuden a una empresa externa, que tiene dos configuraciones distintas de la misma aplicación: una para centros públicos y otra para centros privados. En la de centros privados priman los criterios pedagógicos fijados por la dirección: el profesorado de todas formas está en el centro al menos tantas horas como el alumnado, y en su contrato están claras las condiciones laborales. En la configuración para  centros públicos prima la preferencia del profesorado: garantizan horarios compactos (con pocas horas sin clase por medio) y al menos dos horas libres a petición del interesado. No están dispuestos a cambiar los criterios aunque se les pida, porque si el profesorado no queda contento con el horario, el curso siguiente el centro no será cliente. Lo dicen así de claro. Lo sé porque nos sucedió: un año en que teníamos remanente económico y muchas dificultades de otro tipo decidimos probar. Pero queríamos que los criterios pedagógicos acordados tuvieran prioridad. Nos dijeron que de su empresa no salía un horario que no cumpliera sus compromisos, si no nos interesaba podíamos irnos.

Dedicada a mi amigo Juanma que precisamente hoy ha estado trabajando en ello.

 

 

Despedida

Llegué a Guadalcacín en septiembre de 1974 con una hija pequeña y otra en camino, para incorporarme a la tarea docente de una localidad pequeñita, de menos de cinco pict0229mil habitantes, con el compromiso de permanencer durante seis cursos, después de haber pasado dos años en una escuela unitaria de difícil desempeño, uno anterior en la zona sur de Jerez del que guardo muy buenos recuerdos, y el primero en la enseñanza privada, mientras estudiaba oposiciones.

Traía mi mochila cargada de ilusiones, de entusiasmo por un trabajo elegido a conciencia, por gusto, que ha sido siempre más que un trabajo y ha contribuido a hacer de la educación el leitmotif  de mi vida: ser madre y ser maestra se complementan.

Escuché una vez, hace mucho tiempo, que no debería ser maestro o maestra quien no tuviera la experiencia de haber amado. No puedo estar más de acuerdo: sin empatía, sin afecto, sin emoción, sin respeto por el alumnado, es imposible educar. Lo decía hace unos días el exministro de educación Angel Gabilondo: “El mejor método educativo es querer a los alumnos, hablar bien de ellos, esperar algo de ellos”.Tener hijos ayuda a ponerse en el lugar de padres y madres y obliga a preguntarse: ¿y si fuera mi hija, mi hijo?

Seis cursos parecía mucho tiempo pero se han convertido en 39, y aquí sigo. Y mi mochila no se ha vaciado.

Aquí me he adaptado a las nuevas leyes (seis, si no recuerdo mal las que contó Manuel Santander en su lección magistral), a los nuevos materiales (de la multicopista manual que compartíamos con la parroquia y el corresponsal de la Seguridad Social, a las fotocopiadoras actuales que hasta grapan las hojas; de hacer clichés con un punzón, a los ordenadores actuales, con pizarra digital incluida; de aquellos periódicos escolares elaboradísimos, maquetados a mano, a los actuales blogs de clase), a los cambios en las familias que repercuten en la escuela (aquellas familias de 10, 12, 14 hijos, se han transformado en las de hijo único, como mucho dos, actuales), al nuevo alumnado, ni mejor ni peor que el de décadas anteriores: diferente, porque diferente es la sociedad en la que vive.

Pero no he perdido la creencia de que la educación puede cambiar la sociedad, ni  el entusiasmo por aportar mi granito de arena, o el placer de ver crecer, madurar y formarse al alumnado que pasa cada curso. Y sigo sufriendo el desencanto de no ser capaz de conseguir que algunos alumnos y alumnas aprendan lo necesario y se integren en las tareas docentes, pese a haber puesto todo el empeño en ello.

Termino mi vida laboral porque se ha cumplido el tiempo, no porque haya agotado el bagaje con el que llegué o no me queden fuerzas. Las dedicaré a otros menesteres, alguno de ellos seguramente relacionado con la educación.

Ha llegado el momento de despedirme:

De agradecer a tantos compañeros y compañeras haber compartido alegrías y

Nombramiento con humor e ingenio
Nombramiento con humor e ingenio

sinsabores, momentos dulces y amargos, ilusiones y desengaños, trabajo y compromiso. Sin su compañía, sin su hombro amigo, nada hubiera funcionado, porque la educación es una tarea colectiva. También a aquellos y aquellas  con cuya forma de entender la educación en la escuela no he coincidido: los debates enriquecen la vida; y la escuela, como la sociedad, no es uniforme sino diversa.

De recordar al alumnado tan variopinto que en todos estos años ha pasado por mi aula y por los centros que he dirigido. Aunque mi intención siempre haya sido la mejor no siempre he acertado a dar a cada uno y cada una lo que necesitaba. Pido disculpas a aquellos que en algún momento puedan haberse sentido heridos. Y agradezco a todas y todos lo mucho que me han aportado y la oportunidad de haber podido corresponderles en alguna medida.

De agradecer a padres y madres la confianza depositada, las experiencias compartidas en escuelas de madres, en AMPAS, en entrevistas personales; los compromisos para mejorar el rendimiento y el comportamiento de sus hijos e hijas, mucho antes de que aparecieran en los documentos oficiales; la colaboración en la organización de fiestas y eventos; la manifestación de que sus hij@s han recibido una formación sólida que les ha permitido continuar estudios.

De manifestar públicamente que todas las corporaciones municipales de la localidad han colaborado con los centros docentes en la medida de sus posibilidades, mejorando las condiciones del colegio o el instituto y las de cada alumno o alumna en particular. (Recordemos la financiación de excursiones, que se mantuvo durante muchos años, o los premios a la excelencia del curso actual).

A partir de ahora no estaré a diario en el Instituto, pero si alguien quiere algo de mí, sabe dónde encontrarme, sin ninguna duda. Si no es en persona el correo electrónico, twitter y la página web están siempre abiertos.

También es el momento de manifestar mi preocupación por el futuro de la escuela pública. Si permitimos que las cosas sigan por el camino que van tendremos una escuela pública que irá perdiendo calidad pese al esfuerzo que pueda hacer el profesorado: aumento de ratio, disminución de profesorado y de recursos, supresión de servicios. Y eso hará que las clases medias (si es que siguen existiendo y no son sustituidas definitivamente por el precariado) se lleven a sus hijos a la concertada aunque tengan que pagar por ello. Y cuando la presión de las clases medias por la mejora de la escuela no exista entraremos en un bucle infernal del que será difícil salir:

2013-06-20 23.33.26

Para que no suceda, es necesario modificar la deriva segregadora del alumnado que se avecina con la implantación de una ley que incluye más subvenciones a la escuela privada, la gran beneficiada,  y separación del alumnado en función de su extracción social.

La garantía de una ciudadanía exigente y activa la da la educación (“un arma cargada de futuro”, en palabras de Mandela). Una educación inclusiva y compensadora, que atiende más a quien más lo necesita, en una escuela pública de tod@s para tod@s.

Así, sí

Hoy puedo decir que he disfrutado de una sesión de claustro. Como otras muchas veces, pero la de hoy merece capítulo aparte.

A partir del reconocimiento de que las 2 horas de libre disposición en Primero de ESO no habían conseguido el rendimiento esperado el pasado curso, pese a haberlas dedicado a lo nos sigue pareciendo adecuado (la lectura), hemos realizado un planteamiento pedagógico, con la implicación todo el profesorado asistente. (Sólo han faltado un sustituto que no ha sido nombrado y una compañera de baja por enfermedad)

La propuesta de cambio parte del jefe de un departamento cuya existencia data del curso pasado de cuya eficacia se dudaba en muchos ámbitos: el de Formación, Evaluación e Innovación.

En el debate, con mayor o menor intensidad, ha participado todo el grupo o al menos a nadie le ha parecido irrelevante. Se han debatido criterios pedagógicos, de eficacia, de rendimiento, ventajas e inconvenientes de las distintas opciones…

Y todas las intervenciones, sin excepción, se han hecho pensando en el alumnado: cómo motivarles, qué tipo de agrupamiento será más efectivo, la posible repercusión del trabajo en las distintas materias… sin que pesara en el ánimo en ningún momento lo que habíamos hablado unos minutos antes: horarios más cargados, peores condiciones laborales, recuerdo del cumplimiento de normas que cumplimos y por ello nos molesta que nos recuerden, y de otras que no cumplimos tan a rajatabla y nos molesta más…

Nada de ello ha sido obstáculo para que el primer claustro del curso haya sido pedagógico, en el mejor sentido de la palabra.

Lo que al comienzo de otro curso cualquiera hubiera sido normal, en éste, por las condiciones en las que nos encontramos, me parece digno de valoración extraordinaria.

Por eso, hoy digo: ¡¡Bien por mi claustro de profesorado!! Me siento orgullosa de pertenecer a él.

Así sí conseguiremos una enseñanza pública de calidad.

 

 

 

Lo que dije en EABE12

No soy la típica directora: necesito las clases para sentirme a gusto conmigo misma. De ellas obtengo la energía para el trabajo burocrático. Las disfruto.

Al pensar en mi ejercicio de la dirección, me vienen a la mente situaciones que dan una idea de lo que implica:

  • Algunas muy difíciles:
    • Tener que llamar la atención a un colega por falta de profesionalidad
    • Trabajar con personas a las que no les gusta y no les importa lo que hacen y por ello no lo valoran.
    • Pedir a padres/madres que tomen el control de su familia o plantearles que tememos que su hijo/a esté haciendo lo que no debe (drogas, juego…)
    • Intervenir o mediar en enfrentamientos familiares.
    • Sancionar, incluso cuando estás convencida de que es necesario.
    • Tener que enfrentarse a la Administración, sintiéndote como el jamon york del sandwich, sin interlocutores válidos en temas pedagógicos.
  • Otras gratificantes:
    • Felicitar a quien lo merece.
    • Poder decir en un Claustro o un Consejo Escolar, que los resultados académicos o la convivencia mejoran, que gran parte del exalumnado continúa estudiando…
    • Disfrutar cuando se alcanzan acuerdos que mejoran la convivencia sin pretender sacar del sistema al alumnado difícil.
    • Que alguien te diga que no está de acuerdo contigo y lo argumente: dialogar, debatir.
    • Sentir que el antiguo alumnado valora el tiempo que pasó en tu centro y las competencias que adquirió.
    • Saber que el buen profesorado que ha pasado por el centro lo recuerda con cariño.
  • Otras pesadas:
    • La burocracia que nos está absorbiendo y se lleva tal cantidad de tiempo y energía que da la impresión de que se nos quiere únicamente como gestores y no como dinamizadores o líderes pedagógicos.
    • Asistencia a reuniones nada efectivas, para que te expliquen algo que ya sabes, porque se ha publicado, o bastaría con que se enviara por email.

 

Aspectos sobre los que deberíamos debatir en este momento, porque nos jugamos el futuro de la escuela pública y los equipos directivos deberíamos abrir el fuego. (¿Álguien no se ha dado cuenta de que se pretende que nuestros centros queden para las familias que no puedan acceder a la privada?):

  • ¿Sólo gestores o líderes pedagógicos? Alguien tiene que asumir la función
  • La autonomía de los centros
  • Prestigiar la escuela pública (lo que hacemos en el EABE). Para ello:
    • Profesionalidad: nada de balones fuera ¿o no somos expertos en docencia? Si no lo somos, a otra cosa.
    • Autoevaluación de la práctica docente, imprescindible si queremos mejorar. No es sólo un invento de la la AGAEVE
    • Adptación metodológica al alumnado actual. Con TIC y con TAC pero no son ellas el cambio. Lo importante es el cambio de foco, del profesorado al alumnado, a cada uno de nuestros alumnos y alumnas.
    • Asumir que aprender por competencias no es lo que estamos haciendo en mayoría de las aulas, y es lo que hay que hacer: cabezas bien organizadas, no bien llenas, personas con autonomía y capacidad para aprender y para tomar decisiones.
    • Dejar de hablar mal de ella (de nuestra escuela, que es nuestra responsabilidad)
    • Nuestros hijos, en la publica.

      foto de familia por @antosevi

Video de toda la sesión