Imprudencias

Anoche, cuando iban a la playa, a celebrar la noche de San Juan, 12 jóvenes murieron arrollados por un tren. Habían invadido la vía para cruzar en vez de hacerlo por el paso subterraneo. Ha sido la impresionante noticia de la mañana.

Llama la atención que se busquen culpables distintos de aquellos que cometieron la imprudencia. Lo que les esperaba al otro lado (una larga noche de fiesta), era de una urgencia tal que no podían retrasarlo los minutos necesarios (¿dos, tres, quizá sólo uno?) para pasar por el sitio indicado.

Parece que el lo quiero, y lo quiero ¡ya! sea el lema básico del disfrute juvenil. Aplazar la recompensa es algo que no les hemos enseñado, de ahí que no sepan esperar por nada y que no mantengan el esfuerzo  necesario para conseguir algo que no sea inmediato. Y que corran riesgos absurdos por cuestión de unos minutos.

Se pretenderá, lo estoy viendo, que se vallen la vías para que el acceso sea imposible. Lo entendería si hubiera animales que tuvieran acceso a las vías y supusieran un riesgo para los viajeros; o si fueran niños los que salieran de un colegio cerca. Pero no entiendo que los adultos no se hagan responsables de sus actos cuando las normas están perfectamente claras.

Es evidente que es una desgracia que va sumir a muchas familias en el más absoluto desconcierto, que sufrirán lo indecible: todas las muertes que no encajan con la edad a la que se la espera lo producen. Pero no es un accidente: es el fruto de una imprudencia. No se debería haber producido. Y es responsabilidad de cada uno de los que decidieron cruzar las vías.

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