Normalidad

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Comentábamos hace unos días, al hilo de la modificación de la ley del aborto (aunque la llamen con larguísimos eufemismos), como ha ido cambiando la situación de las mujeres al respecto, y la mentalidad de la sociedad al mismo tiempo.

Las cuatro mujeres participantes en la conversación ejemplificábamos el cambio. Tres habían abortado siendo solteras al no querer hipotecar su vida con un bebé no deseado, pero las condiciones fueron  muy diferentes:

  • Una fue a Londres, sin publicidad. En aquel momento sólo quien dispusiera de medios económicos para desplazarse y pagar la intervención podía abortar con garantía. Y había que hacerlo en secreto, porque era delito. La opción de ponerse en manos de cualquier carnicero, hombre o mujer, era jugarse la vida y muchas mujeres la perdieron así.
  • La segunda intentó hacerlo en la Seguridad Social nada más aprobada la ley de plazos. Le pusieron tantas trabas y trataron de tantas formas de hacerle cambiar de idea, pretendiendo que iba a cometer un crimen, que terminó haciéndolo en la sanidad privada, allí sin problemas. La doble moral en escena.
  • La tercera no había encontrado dificultades para hacerlo en la Seguridad Social , después de manifestar la firmeza de su decisión, sin ser acusada de nada.
  • En el caso de la cuarta, que en orden cronológico debiera ser la primera, si hubiera querido abortar no hubiera tenido ocasión por falta de medios para ir a Londres, y de información. Se hubiera visto obligada a ser madre sin apoyo familiar. Las familias católicas de entonces eran así de estrictas. Habría tenido una vida bien diferente.

Por más que la jerarquía católica pretenda que todo siga como hace cuarenta años, cuando la legislación estaba hecha a su medida hasta el punto de considerar delito lo que para la ella era pecado, los anticonceptivos no estaban disponibles, el aborto más que prohibido (aunque las hijas de los ricos y poderosos no tenían hijos no deseados) y los disconformes no podían ni reunirse para hablar so pena de ser considerados subversivos, la sociedad ha cambiado tanto que Gallardón no ha sido capaz de conseguir que se apruebe una ley que pretendía devolvernos a las mujeres a la situación de hace treinta años. Y eso disponiendo de una mayoría absoluta que les ha permitido eliminar de un plumazo derechos que habíamos creído conseguidos para siempre. En este tema no se han atrevido a tanto, aunque hayan modificado algunos aspectos para dar cancha a sus afiliados más extremistas.

Hoy ya no hay que esconderse para hablar de abortar, aunque para ninguna mujer sea un plato de gusto, ni se tome a la ligera. Se puede hacer con normalidad porque tener hijos es una elección, no una obligación. Como siempre debió ser.

La imagen, tomada de internet.

 

 

 

 

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